A esta gatita aún le quedan muchas vidas por vivir y muchas muertes por evitar, una por cada amor, una por cada lugar…

En su ingenuidad supo – a gatas-, que al perder la docilidad conviene marchar hacia cornisas con otros vacíos, y -otras tantas veces- ignoró que la fragilidad persiste, aunque se cambie el golpe.

Y por cada amor emprendió un afecto. Y por cada lugar amó un viaje…

En la ambigüedad salvaje de mascota, apeló a su felina forma de sentirse extranjera.

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