Te regalé una bonita sonrisa de Jokers. ¿Qué dices?, ¿que no era lo que esperabas? Lo hice por ti. Fui a la floristería y te envié un ramo de magnolias blancas con una tarjeta en la que te anotaba los números de asiento de avión para nuestro viaje. Te cité a las veinte horas en la cafetería. Estabas preciosa, no entendí tu gesto de horror al verme, deseaba poner otra sonrisa en tus labios. Te quedaste paralizada y yo hice un selfi para inmortalizarnos con los ojos salidos de las órbitas y la boca retorcida en una mueca repulsiva.

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