Te regalé una bonita sonrisa de Jocker que no entendiste. No te importaba. Giré mi cabeza y miré por la ventanilla. Ver pasar los árboles, los pueblos, los áridos campos, me abstrae como el fuego. El traqueteo del tren se convierte en un mantra que acuna mi indecisión.

Pasamos un túnel. Observo el reflejo de tu cara que revela una expresión placentera y una mirada perdida en el infinito. Confirmado. Otra vez somos tres. Hace meses que lo sé. He sido siempre una cobarde. Otra puesta en escena más.

Este viaje debería hacerlo sola.

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