Te regalé una bonita sonrisa de Joker comprada en el chino para el carnaval, pero no arranqué de ti más que indiferencia. “¿No es original?”, pregunté ingenuamente para romper el hielo. Sólo pretendía pasarlo bien juntos, invitarte al baile de máscaras y, si el tema iba hacia adelante, montarnos luego la fiesta en casa hasta el amanecer. Vamos, lo que identifica a cualquier pareja de enamorados. Me mandaste a la mierda. Demasiados años de matrimonio.

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