Pensé mientras el coche se lanzaba contra el muro: “ De esta no me escapo”.

Dos días antes, desembarqué en aquel país de habla latina. Por la noche, en el bar del hotel, conocí a los chicos. Bebimos y reímos hasta que perdí el conocimiento.

A la mañana siguiente, me desperté desnudo, dentro de un viejo auto, en medio de la selva. Aun borracho, lo puse en marcha por el único camino existente.

En la pendiente, le vehículo ganó velocidad y al frenarlo, confirmé que carecía de frenos. Como consecuencia, acabé empotrado en el muro de esta construcción milenaria.

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