Lástima que no haya billetes para maniquíes. Despacio. En el equipaje te puse como adicional y te aseguré. Te metieron en esa bodega fría y oscura. Al lado de tantas maletas y objetos extraños.

Mientras tanto yo en el asiento del bus. Cómodo. Pensativo. Angustiado. Y… ¿Si te pasa algo? Yo no estaré ahí para socorrerte.

El bus está turbulento. Te está haciendo daño. Tengo ganas de decirle al chofer que pare ¡Me quiero bajar!

¡Nooo! Van a pensar que estoy loco. Calmate. Esperemos. Maniquí. Mi amor.

Por lo menos acá en mis manos tengo tu cabeza para no perderla.

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