Lástima que no haya billetes para maniquíes porque yo quería llevárme el mío en el avión. No molestaría porque no habla, no se mueve, siempre sonríe. No lleva equipaje, no ocupa más de su asiento y, cerca de la ventanilla, pasaría desapercibido. A la salida, lo coloco en su silla de ruedas, su manta sobre las piernas y ningún problema. Puede pasar cualquier control tanto el vacío llena su cuerpo y su cerebro, no tiene enfermedades ni físicas ni mentales. ¡Pero me hace tanta compañía! Sabe todo sobre mí. No me traicionará nunca. ¿Quién puede afirmar eso de nadie?

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