«LIMPIEZA SOCIAL»

«LIMPIEZA SOCIAL»

Bogotá, Colombia, 2015. Muchas personas creían en el destino, decían que ya todo estaba escrito y nada se podía cambiar. Pero él quería cambiarlo todo, absolutamente todo…

La vida de Andrés no había sido para nada fácil, su padre falleció de un infarto fulminante cuando él tenía tan sólo 8 años. Su madre, quien nunca en su vida había trabajado, se vio obligada a buscar empleo. Afortunadamente, logró conseguir un trabajo como camarera en un restaurante cercano. Pero años después, ella se volvió a casar con otro hombre que había conocido en el restaurante donde trabajaba, él era elegante y adinerado, pero déspota y de muy mal temperamento.

Andrés le tenía un gran pavor, pues su nuevo padrastro lo maltrataba física y psicológicamente, le echaba la culpa por casi cualquier problema que hubiese en la casa, lo azotaba sin misericordia cada vez que cometía un error, lo insultaba. lo ofendía y lo humillaba la mayor parte del tiempo. Pero lo que más indignación le causaba era el hecho de que su madre nunca hacía nada por defenderlo, pues estaba cegada por el supuesto amor que le tenía a aquél hombre. Seguía estando casada con él, a pesar de que constantemente sufría insultos y humillaciones de parte de su marido, pero aún así, lo soportaba todo, absolutamente todo, por más cruel e inhumano que fuera, tan sólo por seguir llevando una vida llena de lujos y comodidades, y así no tener que volver a trabajar nunca más en su vida. Así era el ambiente en su hogar, hasta que un día, Andrés decidió preguntarle a su madre por qué no hacía nada por solucionar la situación en la que se encontraban, por qué no se divorciaba de ese hombre o se mudaban a otra casa lejos de allí…

La respuesta que recibió lo aterrizó en la más cruel y dura realidad: Su nacimiento no había sido deseado ni planificado, su madre era demasiado joven cuando quedó embarazada de él, sus abuelos la habían obligado a casarse con su padre. Su madre tuvo que dedicarse al cuidado de su casa y de su hijo, por eso nunca pudo triunfar profesionalmente.

Andrés estaba harto de vivir ese martirio, ese día se sintió con la suficiente voluntad y determinación para abandonar para siempre el seno familiar, tomó sus pocas pertenencias y se fue para siempre de su casa, nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia, regresaría a vivir aquél infierno…

Tuvo que empezar a vivir en las solitarias, tortuosas y terribles calles de Bogotá. Veía cosas que ningún niño debería ver, dormía en cajas y pedía dinero a extraños para comprar comida.

Vivió experiencias bastante trágicas, una mañana despertó escuchando a alguien decir que había un cadáver cerca de allí, él se encontraba a una distancia cercana al cuerpo, así que se aproximó y descubrió al cadáver del hombre muerto. Fue una imagen que Andrés nunca pudo borrar de su memoria.

Con frecuencia tenía pleitos con otros niños de la calle, quienes lo amenazaban con quitarle todo lo que tenía, pero él lograba sobornarlos con algunos pesos a cambio de que lo dejaran en paz.

Por fortuna, tenía un grupo de amigos en la calle. Lo compartían todo, juntaban todo el dinero que recogían, distribuyendo las ganancias equitativamente, sin dejar de lado a nadie.

Algunas veces iban a una pequeña tienda en el centro de la ciudad en donde, en un rincón apartado del local, un señor les vendía «dulces», o al menos eso les decía que eran, para que pudieran distraerse un momento y olvidarse del cruel y despiadado mundo en el que vivían, e imaginar uno mejor, en donde eran tratados como seres humanos, no como basura, en donde no eran maltratados ni discriminados, sino escuchados, valorados y tenidos en cuenta. Un mundo en donde significaban algo para el gobierno y las autoridades, para la sociedad en general.

La policía y los habitantes del barrio aborrecían a los niños de la calle, los consideraban drogadictos, estafadores y delincuentes juveniles. Por tal motivo, Andrés y sus amigos debían esconderse y dormir en lugares apartados en donde nadie los descubriese, porque si eso sucedía, podían ser inculpados de algún crimen montado y encarcelados, nadie se arriesgaría a defenderlos, pues a nadie le importaban realmente.

Pasaron los años, Andrés había crecido y ya era todo un muchacho. Desafortunadamente, como ya no eran unos niños pequeños, ya no les quedaba tan fácil simplemente pedirle dinero a cualquiera con el que se cruzasen en la calle, tampoco conseguir trabajo, pues era ilegal que un menor de edad trabajase y la gente solía subestimar sus capacidades y su experiencia. De modo que ellos tuvieron en cuenta otra alternativa: Robar…

No lo pensaron demasiado, era eso o morir de hambre, así que decidieron llevar a cabo el robo por la noche, cuando ya los negocios hubiesen cerrado, los trabajos finalizado y las reuniones concluido, cuando la maldad alcanza su máximo esplendor y el ser humano sale a perpetrar actos tan horribles que el día se estremecería al verlos.

Se prepararon para la estafa, consiguieron máscaras en una cacharrería cercana, maletas en una papelería y armas en el mercado negro. Decidieron ejecutar el robo en alguna fiesta en uno de los barrios de gente adinerada. Por desgracia, no tenían ni la más remota idea de lo que el porvenir les deparaba…

A la medianoche del 27 de julio de 2019, mientras buscaban dónde estafar en alguna celebración, el grupo de jóvenes fue abordado por una multitud de asesinos. A sangre fría, sin ningún escrúpulo o consideración ética o moral, los llenaron de plomo en medio de la calle. Los mataron a todos instantáneamente, pero la masacre no terminó ahí, también asesinaron e hirieron a muchas personas inocentes…

¿Y todo por qué? Bueno… según los asesinos, «árbol que no da fruto debe ser cortado», «lo que no sirve, no debe estorbar», «todas las personas que pertenecen a grupos marginados portan un mal que es necesario extirpar, se llama LIMPIEZA SOCIAL».

FIN

Tu puntuación:

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS