EL QUE PLATA HIZO… LO QUE QUIERE TIENE

EL QUE PLATA HIZO… LO QUE QUIERE TIENE

Sentado en la vereda de mi barrio, pude percibir para mí y para el resto, el paso de un tiempo remoto, del cual la calle pasó a perder terreno.

Quedan atrás los recuerdos del viejo Arturo, viendo todo junto a su mujer, tomando mate y reflexionando, mientras lleva la bombilla a la boca: “los que tienen guita tienen todos caras raras, salvo Tinelli y los jugadores de fulbo, parecen todos holandeses, rubiecitos de ojos claros, de cuellos hinchados y que hablan con la eshe en vez de la ese, el resto somos todos más o menos parecidos…”

El hoy, de la realidad atrapada en una sola red, nos pone a mano chicos y chicas, la mayoría del lado de casa de la pared, como enjaulados, algunos con el celular de papá o mamá, otros con el propio, algunos con la compu que hay en la casa o aquella que de la escuela hayan podido recolectar. Nada de jugar a las escondidas afuera y ni hablar de abrir la puerta a la noche. Ya no más escuchar el grito de “auto…”, cada vez que un carro pasara, frenando el juego, pero dejándonos a todos congelados a las buenas de continuar la jugada una vez que pasara el vehículo.

El club, del barrio lejos ha quedado…
Pero algunas cosas, aunque ocultas, pueden todavía verse por estos pagos del conurbano. La cheta, que no disimula a la hora de tocarse la teta izquierda luego de ver al muchacho de pelo rojo. El colorado, siempre enojado por ser mal tildado, arremetiendo al grito de mufa por tratarse de un hincha de Racing que caminando por ahí pasaba, como sobreseyéndose a sí mismo de toda culpa, al mejor estilo; si yo me hundo me llevo un par conmigo. El ruso, proveniente de aquella castigada Polonia, reconocido históricamente por sus vecinos como el “vendetutti”, electricista, ferretero y vaya a saber uno cuantas cosas más relacionadas con los electrodomésticos, quien a la fecha se sigue peleando con el tano petiso, ese que no ha podido nunca superar su complejo de inferioridad, mostrando siempre de manera enfática que su estatura no ha de significar impedimento alguno a la hora de pelearse con el que venga. Y que no le vayan a gritar cornudo, porque las consecuencias de la tanada podrían llevar a una bataola sin precedentes.

Algo que nunca ha de cambiar, el brazo fuerte de la ley, custodiando siempre bien y de lleno la zona, suponen las lenguas malas a la espera de algún billullo, quizás del transa, tal vez del quinelero, pero siempre y sin excepción al mediodía saludando, con bocina o con sirena, a su amiga pizzería.

Todos respetuosos con el dueño que a los comunes mortales nos trae el chimento de las buenas nuevas, eso que aquellos desde la alta cocinan para el resto de la gilada. Claro está, hablamos por caso del tristemente célebre político de la cuadra, aquel que habiendo sido peronista con todos los honores, se auto flagela hoy, reconociéndose como el primero y más leal de los radicales. De punta en blanco él, generando debates entre los vecinos, algunos sigilosamente y silbando por lo bajo, pidiéndole que “maten a todos los negros”, otros, sugiriendo que “empiecen a repartir un poco mejor la torta”.

Así las cosas, en medio del barullo, el palacio equidistante dominical de a quien todos llaman “Señor”.

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