Quise ser escritor, pero me extravié en un laberinto de símbolos y letras que arremolinadas formaban irónicas frases. Apareciendo el pícaro asterisco con su acento dio un grito imperativo; quedándose quietas menos las distraídas vocales y consonantes que reclinadas en el alfabeto componían versos y poemas; al oír esto la diéresis proclamó su punto de vista con una frívola lisonja; por su parte él sarcástico apostrofe explico con una metáfora que se lleve entre comillas una arroba de arcaísmos.

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