Verdad, beso y consecuencia
Mi viaje comenzaba con una cierta desazón mientras veía jugar a dos niños en el andén. Hacía ya algún tiempo que no me sentía bien con ellos y, separarme por un tiempo, podría ser la única vía de escape. Decir que era una huida me parecía exagerado. Mi marcha no pretendía abandonar un territorio para sustituirlo por otro completamente desconocido, ni mucho menos abanderar esa frontera.