LA NIÑA QUE SE VOLVIÓ VIEJA
El día que me volví vieja nos visitaba un primo de mi madre. Era un hombre grandote, con manos de campesino, que elogiaba la comida de mi madre y la devoraba con enorme gusto. Estábamos comiendo en la salita, un comedor angosto donde apenas cabíamos todos alrededor de la mesa-camilla. En el pequeño televisor del...