El llavero en el bolsillo
En el recreo, un joven descubre la presentación más dolorosa del amor: el amor no correspondido.
club de escritura Fundación Escritura(s)-Fuentetaja
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Perder la inocencia En el recreo, un joven descubre la presentación más dolorosa del amor: el amor no correspondido.
Apartó de su muñeca la hermosa pulsera que cubría las cicatrices de cuando la depresión de aquellos recuerdos le inundaban y no le dejaban respirar. Trató de calmarse para evitar un ataque de pánico, caminó agarrándose de las paredes deteniéndose en un espejo, subió la vista y en lugar de ver a la mujer de...
Ocho de la mañana. La luz del sol entraba a raudales por la ventana. Toñín salió de la cama de un salto y corrió en pijama por el pasillo. ¿Han venido lo Reyes?, gritaba henchido de ilusión, ¿han venido los Reyes? Comprobó que los tres vasos de leche que había dejado sobre la mesita de...
Perder la inocencia El sol se colaba tímidamente por las cortinas de la habitación, anunciando otro día más en el pequeño mundo de Ana. A sus ocho años, todo lo que conocía era la calidez del hogar, el aroma del café que preparaba su madre y los cuentos de hadas que su padre le leía...
Aquí relato cómo un niño puede ir de la inocencia más bella, y conocer y hacerse una idea del amor. Proponerse casarse con el amor de su vida, cuando pierda la inocencia de ser un niño. Lamentando el caso perdiéndola de la peor manera.
Recuerdo un vaso de metal color violeta del que bebíamos todos los primos cuando, sedientos y sudorosos, interrumpíamos nuestros juegos para precipitarnos escaleras arriba en busca de un ansiado trago de agua fresca. Concha nos recibía con su sonrisa generosa y nos ofrecía el vaso que pasaba de mano en mano, mientras el calor del...
La primera vez que Valeria vio llorar a su padre, tenía ocho años. Era domingo, justo después del almuerzo. Él, siempre erguido y firme como un roble, se derrumbó junto a la ventana, con la mirada perdida. Valeria, aferrando su muñeca favorita, no entendió qué ocurría. Se acercó con cautela. —Papá, ¿estás bien? Él se secó...
Son muchos los recuerdos que tengo de mi infancia. Algunos vuelven con tanta nitidez que me parece estar viviéndolos de nuevo. Como aquel día que mi madre me compró dos pollitos, uno azul y otro rosa. Los llamé Alegría y Felicidad porque me divertía mucho jugando con ellos. Tuvieron un final muy triste. Recuerdo que...
Plaza San Martín, aquellas hamacas, el olor a pasto mojado y el apuro por poder subirse y no esperar. La ansiedad comenzaba unas cuadras antes, y la emoción se mezclaba con la alegría, no nos alcanzaban las preocupaciones, no existían los miedos, el mundo se nos abría de modo amigable Uno no preguntaba mucho, sólo...
En el patio trasero había un árbol seco. Nadie sabía qué tipo de árbol era, pero tenía ramas como dedos huesudos que arañaban el cielo. Mi hermano y yo solíamos jugar allí, enterrando pequeños tesoros en una caja de galletas oxidada. Era nuestro refugio, nuestro reino. —Prométeme que nunca abrirás la caja sin mí —me...
Un niño es lo mas preciado que el mundo tiene, son divertidos, lindos, y nos hacen felices, pero tambien son curiosos, quieren ver todo, saber todo, y eso muchas veces pone a los adultos en situaciones difíciles, como es el caso de un pequeño amigo mío, Gerald, el quería saber todo, y entro en un...
Buscó el amor en las piedras, en un sueño dorado que se desvaneció. Se libró de ser madre adolescente, como un juego que nunca llegó a ser. Su madre intentó protegerla, pero ella solo veía su abandono. La enviaban lejos desde los cuatro años, todas las vacaciones, separada de sus hermanos. Se sentía sola, envuelta...