Se sentó y trató de mantener su mirada perdida esperando de esa manera poder perderse también entre la multitud de desconocidos que lo rodeaban. Necesitaba pasar desapercibido incluso de sí mismo, perderse, no encontrarse, autodesconcienciarse, tratando así de cortar el hilo de sus pensamientos y desconectarse, al menos por un solo instante, de su propia realidad, de su propia existencia. Ser un desconocido más entre todos aquellos desconocidos que ahora flotaban a su alrededor.

Intentaba por todos los medios dejar de pensar, y si su pensamiento autónomo se empeñaba en seguir haciéndolo, que al menos fuera sobre fútiles inmaterialidades. Necesitaba esconderse del mundo y su mezquina realidad, mimetizarse con la abarrotada nada que en ese instante le rodeaba., pero la rabia que sentía se empecinaba en mantenerlo ligado a él mismo y a esa realidad de la que anhelaba huir.

Cómo podía estar todo tan lleno y tan vacío al mismo tiempo. Cómo tantas cosas y tanta gente podían albergar tan poco sentido.

Perdido en el páramo de su mente vacía de sí mismo no se percató que unos ojos lo miraban desde la otra esquina de la sala, ojos que se empeñaban en penetrar en su soledad, ojos que pertenecían a otra alma que como la suya, necesitaba perderse lejos de allí, lejos de un allí que le acompañaba obstinadamente donde estuviera.

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