¿Qué es el tiempo?

¿Qué es el tiempo?

El tiempo no es un segundo, ni un minuto, ni una hora.

Es una noche, una vida, un libro y una historia.

El deleite de quien no huye; la paciencia de quien mora.

Es el fruto del que existe: su experiencia y su memoria.

Me abstengo de ser su víctima y en cambio soy su aliada.

Me entrega, a cambio, supuesta paciencia inmaculada.

Creo entender su ritmo, pero el entendimiento es una ilusión.

Atada a sus condiciones, sé que vivo en falsa remisión.

Desespero, me arrepiento y desvelo; pierdo la paciencia.

Paciencia que no me pertenece, es intrusa y no siento mía.

El tiempo me exige lo que no tengo, sin mostrar indulgencia.

En tanto, solo parece orquestar una eterna y oscura melodía.

La ilusión de la sapiencia me toma, me sofoca y me domina.

Pero entender el tiempo no es mi voluntad, es una doctrina.

Pese a que el tiempo no se comprende, sino solo se obedece.

Y son las mañanas que acecho esperando que la noche empiece.

Entiendo ahora que del tiempo no soy aliada y mucho menos amiga.

Soy solamente un peón en su tablero; un elemento que será desecho.

El tiempo nunca me otorgó paciencia, sino el tamaño de una hormiga.

Solo pasa inadvertido mientras indefinidamente duermo en mi lecho.

El tiempo es la distancia entre la vida y la muerte.

Es la elegancia del que ayer fue débil y hoy es fuerte.

Es el romance entre el anochecer y el amanecer.

Es la constante competencia entre desconocer y conocer.

Aquellos que hoy no están, se desvanecen dentro de él.

¿El tiempo cura? ¿El tiempo perdona? El tiempo camina.

No hay espacio para la sanación o el perdón; es a sí mismo fiel.

El tiempo no depende de nada, de nadie; por sí mismo asesina.

Entonces, soy solo yo contra el tiempo y el tiempo contra nadie.

Lo culpo de mi nacimiento, de mi vida y también de mi muerte.

El tiempo no es causa ni efecto, no hay nada que lo cambie.

Empero, he acuñado su nombre y sé que es él quien define mi suerte.

Me mantengo al margen, acompañada de su presencia.

He aceptado ante su poder mi minúscula existencia.

Acepto ahora que existo con el tiempo y él conmigo.

Acepto ahora que su tejido puede servir de abrigo.

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