«La vida es una rima que no acaba, un viaje a donde te lleve tu corazón, allí en donde su palpitar marque los muros del tiempo»

El paisa había muerto pero su presencia seguia dejando huella en los rincones del país, en calles y barcos de todo el mundo. Su palpitar seguía allí y también seguía en nosotros.

En su funeral dije que el era un hombre de viajes, por eso lo honraríamos de esa manera, solo teníamos un dibujo con su firma, una dirección y una extraña inscripción;

«tria itinera fecit.»



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