Y había visto sus cuerpos negros y brillantes moverse seductoramente bajo la luz del crepitante fuego, a la orilla del mar,en un malecón de pueblo y al son de un vibrato desconocido para mí.

Caderas sensuales y manos que quieren tocar pero no tocan
Los había visto allí, en medio de la penumbra,
se aproximaban y se alejaban con movimientos que parecían besos, pero que no lo eran.
Y esa noche el tambor paró, la tierra tembló, el mar se alejó
y el eterno cielo nos miró impávido
la proximidad del beso nos hizo huir de aquel viejo malecón…
La danza se hizo evidente.
Ahora la veo, en cuerpos quietos, caminantes, durmientes(…) en todos
Un paso adelante, marcha al futuro,
el pasado se desdobla y se aleja, queda atrás,
el danzante se aproxima hacia la muerte
la esquiva con sus caderas, la rodea con sus manos y esta se aleja ante la proximidad del beso.
quiere tocar, pero no se atreve,
aunque sabe que un día la música parara
y el juego de la seducción acabara en el beso apasionado de los amantes,
que se devoran luego de esperarse por largo tiempo,
ese día saldrán del malecón como buenos amigos, para adentrarse en la morada eterna.
hoy bailo sobre el concreto, bajo el tiempo que me marca el sol, atraída por esta danza, embelesada por el ritmo, me alejo de las manos que me esperan, intento alejarme,
mientras rezo,
rezo por bailar un poco más, solo un poco más.
Quiero que la música no pare todavía, al menos que no pare… para mí.

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