El tiempo ha pasado. La lluvia y el viento no terminaron de enterrar la Vieja Historia. Esa que nos empeñamos en exhumar de vez en cuando para oprobio de nuestra desdichada existencia.
Aunque piedra a piedra cayera ese muro, quedaron muchos por derruir incluídos los que se están levantado en la actualidad sin que nos percatemos de ello.
Mis amigos animales, con los que hablo a menudo, tienen razón: los seres humanos somos unas bestias que no escarmentamos nunca…
Estamos acostumbrados a levantar rejas y alambradas…
Pero ha de llegar un día en el que todos los seres compartamos un mismo espacio sin límites. Con esa esperanza me mantengo con vida.
III Concurso de microrrelato postal
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