Querida Sam:

Tu y yo bajo ese techo de estrellas, ya puedo verlo, en cuanto vuelva caminaremos el sendero casi invisible con rumbo a nuestro paraíso, la maraña interminable de hojas verdes nos conducirá, ese será nuestro secreto y en adelante llevará nuestro nombre.

Verás, será perfecto, nadaremos horas y nos besaremos con sabor a espuma blanca y dulce, nuestras botas estarán llenas de lodo, la ropa olerá a humedad, pero nada se comparará jamás a respirar ese aire o ver ese cielo.

Tuyo

M. A

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