Cueva que miro con ansia de guarida, sin que el amanecer alumbre.
Huele a húmedo. Un manantial discurre, brotan arbustos y flores se abren a obscuras. A gatas sin rozar las estalactitas, un pasadizo donde murciélagos chocan contra mí.
Una laguna fluye sobre el lodo. Había peces que ahora muertos yacen junto a las ranas. Éstas alertan a los pájaros, buscando el hueco superior.
Los zorros en riscos olfatean hambrientos. Quieren descender, pero el aire es irrespirable. Aquí todo lo que vive huye.
El viaje que aún no he hecho (2ª edición)
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