entre tanto pasan mis años mas oblicuos, viendo al horizonte nadar contra la corriente de suspiros. Añade a mis deseos el cianuro perpetuo del deseo meramente impío, ese mero, mismo que me hace acaecer en la sombra de tu imagen divina.

He contemplado la maravilla Afrodita de tus besos, he nacido bajo los pechos incesantes de tus caricias. Has hecho de mí un retrato cadavérico, envuelto bajo la sombra de tu mirada sosegante.

La oscura y promontoria utopía de tu mirada, la voces, el aliento fulgurante de tu pecho. Hace nada mas un huracán en mi desierto baldío, de arena, de moscas y de muerte. Sombría es tu mirada, abismado caigo de rodillas a tus pies de diosa, de ángel, de ninfa divina. Yaciendo nítidamente al color del infinito, como un océano de galaxias ya perdidas.


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