DESPUÉS DE TODO

DESPUÉS DE TODO

Rodolfo Sultais

14/07/2018

LLUVIA

Después de todo

debo admitir que me gusta la lluvia.

La espero sentado en el banco de la plaza,

lentamente se acerca en copos de azúcar

y precipitándose en un blando telón de cristal

cubre a mi rostro de besos.

La magia ocurre a cualquier hora,

en cualquier lugar…

Por un instante se detienen las batallas

para que los soldados por las noches,

beban un poco de alivio

y las curiosas manos de un niño

queriéndolas tocar en una mañana,

como queriendo tocar

a una mariposa en vuelo.

Después de todo

debo admitir que me gusta la lluvia.

Precipitándose sobre los velorios

para abrazar al llanto

y acariciar a los zorzales,

que por las tardes

le silban a las ánimas.

Ahora me iré caminando

hacia el desierto,

donde allí la magia ocurrió,

petrificándola en granos de arena

para tener un puñado de ella.


ÁNIMAS

Ahí están,

juntas van abriendo puertas,

puertas que distorsionan

y se dilatan en el umbral.

Coquetas y risueñas,

ríen entre la niebla

enamorando a los que sueñan

sobre almohadas de algodón.

Las risas despiertan los oídos

en esas madrugadas

de fecundos ladridos,

falleciendo en ecos

mientras la tundra se disipa.

Si alguna de ellas se enamora

vendrá en cuanto te duermas

y comiences a soñar,

después despertarás queriendo volver

sin saber cuál es la realidad

y jurarás que fue verdad.


DESPUES DE LA VIDA

La vida es un río que fluye

y allá lo espera el mar,

para morir en sus brazos.

También el mar muere

disolviéndose en las orillas

y las orillas mueren

en los acantilados,

que a su vez

mueren en la distancia.

Y tú vida mía

a dónde irás,

si ya no hay mar

en donde morir.

No hay orillas

para acercarme,

ni acantilados

para poder verte.

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