Tantas veces se ha puesto la máscara, que al mirarse al espejo ya ni se reconoce, pero éste le devuelve una imagen con la que parece estar conforme, sí, digo parece, porque los retoques no cesan, sus ojos se recorren buscando fallos. Se ha acostumbrado a mirar el mundo a través del cristal de los errores y éxitos, analiza todo cuanto, ve buscando por donde entrar y modelar para que se adecue a él.

David, director de una sucursal bancaria, tiene 45 años. Es una persona reservada, de difícil acceso. Para él la imagen es muy importante por lo que la cuida mucho (gimnasio, vestimenta, peinado, depilación, expresión corporal, vigila sus movimientos…). Todos los días antes de ir a trabajar se plancha la camisa, la quiere impoluta, cuando lo ves vestido parece un maniquí ni una arruga. Observas que cuando pasa junto a un escaparate se hace un repaso. Todo y dar una imagen de autoconfianza, seguridad, detrás se esconde inseguridad y miedo al rechazo social, pendiente de las evaluaciones de los demás.

En el trabajo sabe que es el centro, que el resto de empleados están por debajo de él, cuando cree que esto no es así convoca reunión para redirigir la situación, quiere que todo se haga como él quiere, pide opinión pero ni los escucha, sólo se escucha él. Los mira y cuando terminan sigue centrado en la suya, y por los comentarios que hace no le ha gustado, si fuera que hubiera escuchado, ya que no se encaja con lo que él quiere o ni siquiera ha prestado atención. Pide que todos sean un equipo, horario “full time”, el trabajo no termina con el horario laboral, que todos informen de lo que hacen, cómo lo hacen, si están contentos, si se puede hacer alguna mejora, pero todo esto esconde una estrategia de control sobre los demás, ya que él en ningún momento comparte y los comentarios hechos los analiza para comprobar si se está siguiendo las instrucciones dadas y si todos están de acuerdo con él, sabe que más de uno no está de acuerdo pero tiene la intención de conseguir que «todos participen del mismo sentido de valores» ir todos a una» como él dice, pero siempre que ésta «una» sea la suya.

Busca conseguir destacar tanto personal como profesionalmente y si para conseguirlo es necesario pasar por encima de los demás o asignarse sus éxitos lo hará, a fin de destacar hará lo que crea conveniente y así estar arriba de todo, si es necesario mentirá, él es y lo hace mejor que nadie. Este tipo de comportamiento pretencioso y centrado en sí mismo, en la búsqueda de admiración sin tener en cuenta las necesidades de los demás, sin ningún tipo de empatía, causa desconfianza a su alrededor, los que están con él lo están por motivos profesionales o por intereses propios.

Busca relacionarse con sus superiores, le gusta rodearse de altos cargos, empresarios, políticos, personas con influencias, alto estatus, y después lucirse, que todo el mundo se entere que goza de «buenos contactos». Se siente especial, por lo que espera el reconocimiento de los demás y no admite las críticas, hasta el punto de alterarse y sentirse ofendido, atacado.

Al llegar la noche su rostro delata el resultado “¡cada vez más cerca!”, ¿más cerca de qué?… Os lo diré, más cerca del “éxito” y más lejos de él. Al mirar en sus ojos, ves en el fondo miedo, miedo a perder, a perderse, a no controlar, a que se derrumbe la base sobre la que está sustentada su vida. Su objetivo es sobresalir en ese mundo en el que cada día al levantarse se zambulle, un mundo de rápidos cambios, nuevas tecnologías, saturado de datos, informes, resultados rápidos… realmente “parece” desearlo.

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