Cinco grados bajo cero

Cinco grados bajo cero

cartones.jpg

¿Qué tengo que hacer para no tener una casa como esa, señor?

Cierto que está a pie de calle -demasiado cierto- y que se puede trasladar donde uno quiera -o donde le dejen-, pero es tan fría y pequeña… Todavía los de Ikea no han dado con los muebles adecuados para ella (y espero que el tiempo no les ayude a superar el reto). Por eso, repito: ¿cómo puedo evitar que el cartón sea lo único que recubra mi cuerpo? ¿Cómo lograr que otros de mi especie me abracen y permitan que sus pupilas repasen los rasgos de mi cara?

He visto a la mujer que vive entre la celulosa y parece no tener rostro. Se le habrá olvidado mirar al frente, supongo. Intenté llamarla, pero no respondió a ningún apelativo ordinario del tipo “señora”. Entonces, le toqué el brazo. Se asustó, encogiéndose más hacia el suelo, y luego me preguntó como enfadada que qué quería. “Me gustaría saber qué tal se encuentra y cómo se llama”, respondí.

No supo qué decir o no quiso, pero me devolvió una mirada procedente de otro tiempo. No daba crédito a ser indigente. No había ocupado voluntariamente ese lugar. Ella no era culpable.

Tu puntuación:

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS

comments powered by Disqus