Uno, no sabe lo que pasa ahora. Lo que pasó antes, es que no vio esa cáscara de plátano. Una mano le toca el hombro y suena una voz: ¿Está usted bien; quiere que le ayude a levantarse?

 Uno, saca el monedero del bolsillo para pagar el desayuno: ni un euro. Mira al que está tras la barra, le sonríe y se lo dice: Me he venido sin dinero. Calla y espera la sentencia. Una sonrisa es la mitad de la respuesta. La otra mitad: No se preocupe, mañana me lo paga. Muchas gracias y hasta mañana; señor.

Uno, sube al autobús sin saber lo que le necesita el mundo.

-¿Sabe si la próxima parada es la de La Plaza de España?

-¿Le importa cambiarse de sitio para que mi niño y yo nos sentemos juntos?

-¿No tendrá usted cambio de veinte euros en billetes de diez, o de lo que sea? Es que no puedo pagar.

-¿Me puede sujetar la maleta mientras bajo el paquete de arriba?

-¿Do you speak in english?

 Uno, va a comprar el pan.

-Enrique, ayer le guardé la barra hasta las dos.

-Lo siento, dormí mal y me quedé en casa recuperando el sueño.

-No se preocupe, la vendí por la tarde. Tengo este pan, nuevo, que me traen de un horno de leña desde un pueblo de Ávila. Se lo recomiendo.

-Vamos a probarlo: me llevo una barra.

-Y este cruasancito de mantequilla, también es nuevo; tenga, hoy se lo regalo yo.

Gracias.

 Uno, está sólo en casa. Suena el timbre de la puerta. Abre.

-Hola, soy el administrador.

-Si, le he reconocido. Me es imposible no reconocerle; cada vez que le veo me cuesta usted dinero.

-Se llama nivel de vida don Enrique.

-¿Cuál es ahora la novedad postindustrial?

-La novedad postindustrial, como usted dice, es que hay que adaptar el ascensor a la nueva legislación. O sea: trescientos euros por cabeza.

-¿Pero no dicen que es mejor para la salud subir andando?

-Si fuera a hacer caso, uno,  de los ecologistas, andaríamos aún todos a gatas.

-¿Seguro? Bueno, le invito a un café mientra lo discutimos.

 

Uno, se ha quedado dormido con el cigarrillo en los labios.

Dos astronautas con hacha le transportan en volandas en medio de una intensa humareda y le colocan una máscara de oxígeno en la cara: para ser un sueño no está mal.

Uno, lo cuenta al cabo de unos años y muestra las cicatrices del fuego en los brazos.

 Uno, se desvive por una mujer. Ella elige a otro. Un lustro después, sobre aquella calle, pasea la mujer un niño precioso en un carrito de bebé. Uno, la saluda, la besa con afecto. Besa al chavalín: Como de la familia. 

Uno, es atracado por unos despistados mientras visita un país extranjero. Acude al consulado: le prestan dinero, le ayudan con los trámites, visita la ciudad y vuelve a casa satisfecho de lo que ha visto y vivido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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