NAMASTE

Desde que Ricardo perdió su trabajo hace seis meses sólo se ha dedicado a tomar cerveza frente al televisor. Yo vendo aceites y cremas de varias marcas; aunque tengo mi clientela, apenas me alcanza para pagar el colegio de Ana. Lo peor de todo es que los gastos son cada vez mayores y, por si fuera poco, el martes me robaron los espejos del coche fuera del mercado. Llegué furiosa a mi casa, mi marido me consoló diciendo que se había acabado el gas. La semana pasada a Ana se le rompió un diente en un partido de basquet. Hoy me cortaron el teléfono y el internet, eso lo agradezco, pues las cursiladas del facebook me estaban amargando la vida. En lugar de poner cómo ser mejor persona, consejos sobre ser feliz y todas esas frases hechas de paz interior y luz divina, que algún administrador ponga consejos para sobrevivir ante las necesidades cotidianas con un marido deprimido en casa.

  Hoy me bañé con agua helada, le pedí a mi vecina un préstamo para pagar teléfono y gas, y me dirigí al parque de enfrente a calmarme un poco. Fingí estar limpiando mis lentes para no saludar al de la tintorería, pues le debo una nota.

   Después de una hora de mirar a las palomas picotear la piedra, tuve un chispazo. Únete al enemigo, me dije. Corrí a mi casa para abrir una página de facebook ofreciendo servicios de lectura del tarot. Hice varias pruebas y me quedé con lo que se me hizo más convincente. El slogan decía: Protección y abundancia. Vidente Jampa Dorgi. Tel 2437679. Previa cita. Conoce tus habilidades mediante la lectura del tarot. 

  Al fin alguien hizo una cita. Le dije que tenía libre el martes de la semana próxima a las seis de la tarde. Pregunté su nombre y apellidos, y le recordé que cobraba quinientos pesos e incluía la lectura y una protección para tener abundancia y armonía. Esa semana abrí una página de facebook con nombre falso para poder rastrear a mi primera clienta. Cristina llegó puntual. Yo tenía todo preparado, me sentía segura después de aprender el significado de cada carta por internet y de saber varias cosas de ella. Me vestí de blanco y encendí un incienso y una vela que tenía guardada para cuando se iba la luz. Se escuchaba una música relajante, como de cascadas y pájaros de un cd que le prestaron a mi hija. Le dije con voz suave que cerrara los ojos mientras murmuraba una oración que me dio tiempo de inspeccionarla. Noté su ceño fruncido, sus manos bien cuidadas y un ligero temblor en el labio de abajo. Se veía un poco mayor a las fotos del facebook. Le eché las cartas siguiendo las instrucciones. Cristina eligió varias y ante el acertado diagnóstico aplaudía diciendo que no lo podía creer. Me confesó que nadie había sido tan intuitiva, que parecía conocerla mejor que su marido. Me pagó feliz y hasta me compró uno de mis aceites.

  Al día siguiente, llamaron otras dos personas; los resultados fueron igual de buenos. Me despedía de la clientela uniendo las palmas y cerrando los ojos tras una acentuada reverencia. A los tres meses tenía la agenda repleta. Compré un mantel hindú, un equipo de música y nuevas tazas para té. Ana es la más entusiasta, me ayuda con las investigaciones y vende los aceites. Mi esposo se fue a vivir con su mamá, siempre ha sido alérgico al incienso.

   Hoy saludé de buen humor al señor de la tintorería. Le dije que pasaba mañana a pagarle después de llevar a Ana al dentista.

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