No teniendo otro cometido, ni aunque lo tuviera mereciera, me dedico en estos momentos a hacer de mi existencia algo de provecho.

Quizás brillara el sol, cierto es que no hacía mucho frío pues es Marzo un cálido mes en la costa del sur de España en donde  la temperatura difícilmente cae por debajo de los 12ºC de media.

Eran las siete de la tarde cuando esa mujer de  159 cm de bajura y 22 kg de vientre grávido, notó los pródromos del parto inminente. Justo al cesar su actividad después de estar todo el día moviéndose, sintió que se le desprendían los riñones, que le desencajaban la columna, que  no podría soportar tanta presión.

Eran casi a las doce de la noche cuando cinco kilos más de vida acompañaban al resto de la humanidad, ¡que pérdida de tiempo y energía!, excepto para aquel gato que encontraba calor adicional junto al bebé alguna que otra vez , cuando conseguía relajado, camuflarse entre los pliegues de la colcha del capazo y no llamar la atención a los aspavientos para ser ahuyentado.

Ya hablaba consigo misma al año de  nacida, pero no sabía cómo hacerlo con los demás.

A los cuatro o cinco años  ni siquiera sabía si era chica o chico, ni lo que esto significaba.

Cuando los primeros mechones comenzaron a colgar sobre sus hombros, coleteros, lazos  y preciosas horquillas con animalillos ó flores en sus extremos iban siendo exhibidos en esa cabecita, no dando cabida a que Jemiel tomase conciencia  de su género, se dejaba poner, peinar y vestir todo aquello que los mayores decidían sin que ello le importara lo más mínimo, era dócil, nada coqueta pero sí  que podía llegar a revolverse  ante la incomodidad de ciertas prendas.

Pensamientos, preguntas y autorrespuestas iban moldeándose en su interior. Aun las palabras no salían ordenadas y prefería callar para no ser malinterpretada. Pensaba tanto y tan rápido que llegado un punto  todo se aturrullaba y liaba en una madeja tan ardua de desenredar que al final, desesperada, la apartaba en un rincón hasta que algún día necesitara echar mano de un trocito de esa lana.

La educaron tan a conciencia, tan equivocadamente, tan incongruentemente con su carácter que se convirtió en una niña-mujer retraída, temerosa e inexpresiva: una inválidada figura humana.

A menudo buscaba y  encontraba solución y respuestas a pudorosas preguntas no hechas, incógnitas de  niña de 8 años; respuestas calladas imposibles de fluir más allá de su ser, sólo  lograba gritarlas  sobre  papel, que es la voz  de más alcance, capaz incluso de viajar en el tiempo.

Pasaban los años y descubría cosas  que antes nadie le había explicado, hipótesis hechas realidad sin pasar por el laborioso proceso de de su comprobación. Llegó a la conclusión de que los antojos no son caprichos sino gritos de súplica desde el interior del cuerpo. De niña dedicó horas  meditando profunda y absurdamente sobre el “déjà vue”, “el destino”, “la razón de ser”…

¿Por qué razón un individuo tiende a algo?, ¿cómo comienza una afición o vocación, un hobby? ¿Cómo sabe alguien que ha nacido para…? Ella siempre pensó que había nacido para bailar (nada más lejos de la realidad), le apasionaba ver a profesionales haciendo buenas coreografías y soñaba ser partícipe de una de ellas, pero no era soñar lo que la haría buena bailarina , practicaba en casa mientras hacia las tareas y después también, pero nadie la guiaba por lo que vició los movimientos, sus pasos y giros, aun así su cuerpo se mantuvo definido y saludable durante años, pero en vez de a esto dedicó su infancia y pubertad a aprender música , idiomas, y  a sus estudios.

Un martes con  edad de adulta, tan vacío como el lunes anterior, haciendo resumen de las cosas relevantes que había realizado durante su vida se volvió a dar cuenta que nada resaltaba sobre las demás ni sobre las hazañas los demás.

Jemiel se vio repasando su aburrida vida mientras recordaba el tiempo en el que se sentaba junto a su abuela y esta le contaba historias verídicas , su mente regresaba 50 años atrás y participaba de dichos relatos como propiamente vividos. ¿Cómo podía una persona haber sufrido tanto, haberse divertido tanto, haber superado tantas cosas sin añorar la agilidad y energía de la una vez gozó y estar sentada junto a su nieta reproduciendo esas historias como de una simple película de final feliz se tratase?

Pero en la vida de Jemiel, en su existencia, las anécdotas brillaban por su ausencia, ¿qué podría ofrecer  a sus nietos?, ¿dónde estaban esas maravillosas historias verídicas que dejarían a sus descendientes boquiabiertos? ¡No! Pensó exaltada, mi vida tiene que ser vivificante, quiero ver a mis menores expectantes y no sólo ellos, yo al recordar, quiero sentirme fascinada  mientras rememoro  mis propias experiencias, historias reales…. ¿estaré aún a tiempo?

CAPITULO I

La radio dejaba oír a Michael Jackson, con su canción más funky, “Thriller”, mientras Jemiel desarrollaba su trabajo como cualquier otro día o con sutiles diferencias.

Sentada tras el mostrador de la sala de espera de la clínica veterinaria, registraba unos microchips que habían quedado atrasados debido a la cantidad de documentación necesaria que la nueva reglamentación había interpuesto para los propietarios de razas potencialmente peligrosas. Este no era en absoluto un día abrumador, aunque al mismo tiempo tuviera que atender al teléfono, recibir a los pacientes e informar al doctor del orden de llegada de los mismos, auxiliarle cuando éste se lo pedía, controlar a los hospitalizados, solucionar pequeñas consultas mientras administraba las cuentas del negocio y vender accesorios al público, pero aún así no se veía abrumada.

Jemiel llevaba poco tiempo trabajando con este doctor, tras decidir abandonar la ciudad, sus amigos y su contrato indefinido en uno de los más prestigiosos hospitales veterinarios de la costa.

Por aquel entonces todo iba perfecto, nada era como no debía ser, hasta que el mundo empezó a confabularse para echarla de allí. Primeros aquellos extraños pensamientos acerca de lo mediocre e inútil de su existencia que cíclicamente retornaban machacantemente, eso la abatió bastante; luego la inesperada gira de su gran ídolo tras varios años de ausencia en los escenarios, no se lo podía perder, aunque el concierto más cercano lo diese a 3500km de distancia; más tarde vino lo de sus vacaciones ya estipuladas desde hacía tiempo, en los ocho años que llevaba trabajando en el centro veterinario era la primera vez que no podía elegir su turno de vacaciones, bien es cierto que en sólo un año había habido dos bajas por maternidad y una por brucelosis del compañero de campo. Casual, extraña y afortunadamente sus vacaciones  fueron trasladadas  a la fecha en la que  el cantante pasaría por Baerum, un municipio al oeste de Oslo.

Daba la impresión que el destino no quería que ella permaneciese allí dentro de cinco meses: para julio debía coger vacaciones, disfrutar del concierto del mito, asistir a unos exclusivos cursos de formación continuada para auxiliares veterinarios y….

¡Recórcholis!, estaba revisando el correo mientras pensaba en lo caprichoso del destino cuando encontró una carta del ministerio de Justicia citándola en la dirección general del registro de últimas voluntades. Un subidón de adrenalina recorrió su cuerpo en pocos segundos, el ritmo cardiaco cambió su sosegado trotar a un intrépido galopar, la boca se le secó, el calor subió a la frente e hizo sudar a sus frías manos. Lo primero que se le ocurrió fue plantearse cuándo se había podido meter en líos y sólo pudo recordar el día en que tuvo que denunciar al propietario de un perro maltratado.

Decidió dejar a un lado la misteriosa carta por unas horas, pues ya se le hacía tarde para acudir al partido de frontón concertado con su primo Abelardo, ese día iba a dar potentes pelotazos, aunque fuesen  por azar, más que a conciencia. Luego se daría un baño y retomaría la carta con más tranquilidad.

El partido se desarrolló mejor de lo esperado, sino fuese por el pesado del compañero de pista que le tocó tras echarlo a suertes. Romeo era incansable e insaciable, no había mujer de cualquier edad, condición o religión a la que no tirara los tejos, el pobre no terminaba de darse cuenta  de que a las mujeres hay que perseguirlas por delante para reclamar su atención, es decir ellas  no deben notar  que son perseguidas. Romeo a cada raquetazo soltaba un ¡guapa!, ¡ese cuerpo!, ¡vaya ojazos!, y Jemiel estaba cansada, se lo dijo a su primo:

– No me vuelvas a llamar si él también va a jugar, lo siento Abe, un primer tiempo lo aguanto incluso le sigo la broma, pero todo el partido…., y realmente hoy estoy algo nerviosa, no aguanto ni la mitad de lo que soportaría cualquier otro día.

-Te comprendo Jemiel, has calcado las palabras que mi novia pronunció la semana pasada, el tío es un pelmazo patológicamente hablando pero ha hecho cosas por mí que sólo un buen amigo haría. No hay que tomarlo muy  en serio,  hay quien se pasa el día mofándose del gobierno, de los gitanos o de los homosexuales, a él le ha dado por las mujeres,  hasta ahora el maltrato no ha llegado a ser físico. Hablaré con él, en cuanto lo amenace con no volverte a citar para un partido seguro que recibo una promesa de mejor comportamiento.

-Está bien, primo, gracias. Voy a casa, ya hablamos.

En realidad no había dejado de pensar en la carta ni un solo segundo. En cuanto estuvo cómoda se preparo algo de cena y se sentó en su confortable sillón. Desplegó el papel y comenzó a leer:

“El Ministerio de Justicia Noruego le hace saber que en los registros generales de Actos de últimas voluntades dependientes de este ministerio hay constancia notarial procedente de la Dirección General de Asuntos Consulares del testamento de Doña Jaqueline Cavendish, otorgado al Cónsul de España en el Reino de Noruega:, D. Fernando Alvargonzalez San Martin por lo que se solicita su presencia en nuestras dependencias el próximo día 5 de Marzo del 2009…

¡¿…Jacqueline..?! La recordaba perfectamente, pasaba los 70 años cuando Jemiel la conoció, era una mujer muy amable, hablaba cinco idiomas y presumía con orgullo de sobrevivir en la pobreza, Jemiel acababa de empezar a trabajar en el hospital cuando Jaqueline entró agitada en la consulta. El último y  más viejo de sus gatos se estaba quedando ciego, Jemiel pensó que la anciana se veía reflejada en él, la vejez lo consumía al igual que a ella.

Jaqueline mantenía un porte y energía que la hacían seguir siendo la mujer elegante que fue cuando se rodeaba de nobles, de ministros y de sus esposas. Ella había heredado todo lo que un título nobiliario conlleva, menos el propio título, el cual, perdió cuando un apuesto y jovial guitarrista español la conquistó y se la trajo a España derrochando su fortuna.

Se casaron, el esposo siempre respetuoso con ella, acabó consumiendo todo su patrimonio y  caudal. Hasta el último euro desapareció. La bebida fue arrastrando a su marido y este a Jaqueline.  Una noche mientras la dama dormía, el español se apoderó de los últimos pendientes y  pulseras que Jaqueline se había quitado antes de acostarse, así como de los tres o cuatro electrodomésticos que mejor podrían salir a la venta en los rastros y desapareció. Ni ella, ni su familia ni  amigos supieron nunca jamás de él, salvo porque un día alguien encontró  su guitarra con las iniciales inscritas en la cara interior del diapasón, junto el nombre del fabricante. Una patrulla de locales la halló en posesión de un mendigo cuando acudieron por aviso de pelea a los suburbios de la ciudad.

Jaqueline tenía entonces treinta y cinco años, se busco la vida como buenamente pudo, conoció a otros hombres pero nunca quiso volver a casarse, aunque ya nada tuviera que perder, la fe en el amor eterno se esfumo con su marido.

Jaqueline seguía manteniendo muchos contactos, unos más fieles a su amistad que otros y cuando podía comprarse un traje adecuado, asistía a las recepciones y a cócteles de aquellos que aun contaban con su presencia allá en Inglaterra, eso le permitía no despegarse del mundo al que pertenecía desde pequeña. Su familia estaba muy disgustada por el rumbo que había decidido tomar, siempre habían esperado que se convirtiese, como poco en primera dama de algún país, título que haría escalar el noble apellido de la familia, También algunos allegados del dieron la espalda pero fue así como se dio cuenta de quien no le convenía.

La casa en la  que convivía con su marido fue vendida mientras él aun estaba con ella, luego fueron de alquiler a un apartamento mucho más pequeño y así fue como Jemiel la conoció, viviendo bajo mínimos y tirando de favores de sus amigos para desplazarse hasta el hospital  veterinario, aunque  realmente, por su imagen cualquier mendigo que la viera solicitaría  limosna de ella.

Jemiel la respetaba y aunque a veces por soledad la entretenía demasiado con sus historias  y la hacía retrasarse en el trabajo, también la enternecía y procuraba ayudarla en todo lo que estuviese a su alcance, llegó incluso a costearle alguna consulta; otras veces procuraba darle cita a primera o ultima hora para poder recogerla de casa o llevarla a la salida. Jaqueline le estaba muy agradecida y varias veces quedaron para tomar té o café, también habían almorzado juntas en contadas ocasiones, un día Jaqueline le comento que había reservado para su retiro algo que ni su propio marido supo nunca.…

Su padre, era el duque de Devonshire, dueño, entre otras muchas posesiones, del Castillo de Lismore, en Irlanda, sobre el río Blackwater.

Jaqueline relató una vez  a Jemiel como durante la segunda guerra mundial y tras la invasión de Noruega por las tropas germanas, la familia real  emigró al país de sus aliados vecinos, el Reino Unido, pero años antes de afincarse en Londres, su padre había invitado a los monarcas al Castillo de Lismore,  dónde  pasaron un estío que Jaqueline siempre recordaría con nostalgia, pues la presencia de otras personas rompían la monotonía de la vida en el castillo. Por aquella época ella tenía diez años y  aún soñaba con ser princesa, la familia real en casa la hacía sentirse como tal. Ella aportó su frescura, su jovialidad e inocencia en esos tiempos tan crudos para los monarcas, quienes antes de partir hacia Londres  prometieron que a su regreso a Noruega, cuando la guerra terminara, materializarían su sincero agradecimiento.

Así fue como en 1945 antes de su fin, los duques de Devonshire recibieron un comunicado del mismísimo Haakon VII, cediéndole a lady Jaqueline unos generosos terrenos en el municipio de Bergen

… terrenos que ahora pertenecerían a Jemiel…

 CAPITULOII

Asomaban los primeros días del mes de Febrero y urgía organizar y tenerlo todo listo para ir preparada a Madrid a principios del próximo mes, no le quedaban días de asuntos propios y quedaban casi cinco meses para coger sus vacaciones. En la clínica estaban faltos de personal, lo más probable es que el tema disgustara a sus jefes…. Y efectivamente, la petición no les sentó bien, pero fue en aquel instante que Jemiel tomó la resolución de abandonar su trabajo, algo muy poderoso la empujaba hacia otras tierras, le quedaba mucho por organizar en cinco meses.

Para poder seguir ahorrando algo de dinero se contrató en un pequeño consultorio a media jornada que le dejaría la otra media libre. Su contrato era de cuatro meses y no tenía la menor duda, iría a Madrid, se haría poseedora de esas tierras por herencia no merecida y viajaría a Noruega a…. simplemente cambiaría su vida de ilusiones frustadas por ilusiones realizadas…

El 5 de Marzo se aproximaba, ya había puesto su casa en venta , pero en los tiempos que corrían no era fácil encontrar comprador, así que se propuso alquilarla a familiares de amigos por temporadas breves y al final cerró un contrato de dos años con¡ una familia Noruega!. A estas alturas Jemiel se había hecho inmutable a las coincidencias, asumía que aquel país invadido y abandonado por glaciales la llamaba.

Los Hansen, Knuth y Hanna, venían a España todos los veranos, pero sus huesos y el alejado trabajo del hijo menor, los dejó definitivamente instalados en la Península. Gracias a este contrato y a internet, Jemiel se puso muy al día sobre la política,  costumbres, comidas,  así como el que hacer y qué no hacer en ese país

Pequeño inconveniente veía en no haberse ocupado , preocupado, ni interesado jamás en aprender Noruego, si que en diferentes momentos de su vida tuvo algún interés por el chino, el ruso, el árabe, el japonés, el alemán, el inglés o el francés, pero realmente ahora era cuando se daba cuenta de que ¡el noruego también existía!.

Se acercaba el día de su cita en las dependencias del ministerio de Justicia de Madrid, en poco más de tres meses cumpliría su contrato, el jefe estaba al tanto de sus planes, y aunque intentó convencerla para que se quedase, no había montaña más inamovible que su tesón en marcharse  y tratar de encontrar un modo de vida que la satisficiese más. No era sólo una soñadora y fantasiosa muchacha, sino que además estaba dispuesta a cumplir dichos sueños.

El hijo menor de los Hansen tenía un trabajo que le obligaba a viajar a menudo al sur del continente Americano, aunque su oficina rezaba en la céntrica calle Real de Ceuta, cada dos o tres meses se veía en la necesidad de viajar a Méjico, por lo que visitar a sus padres al otro lado del estrecho era mera rutina quincenal.

El señor y la señora Hansen, a su vez, estaban encantados pues  el helicóptero que por aquel entonces hacía la línea Málaga-Ceuta  los acercaba en un abrir y cerrar de ojos  junto a su amado hijo.

Lo que no estaba tan claro era a que se dedicaba Erik exactamente. Parece ser que se trataba de una agencia de servicios, de asesoramiento ,a Jemiel le costaba entender el concepto , los viajes a Méjico, la existencia de un socio en ese país , los negocios relacionados entre ambos continentes… pero teniendo en cuenta que  su entorno no se dibujaba mas allá de 50 km a la redonda, tampoco esperaba comprender  hasta no haber visto , vivido  y conocido  a gente lo suficientemente variada como para darse cuenta de que de la vida era mucho más complicada más allá de su círculo en ese sencillo pueblo.

Erik era un chico de mucha palabrería, dominaba el español con acento, pero nunca callaba. Aunque el señor y la señora Hansen también se defendían en esta lengua, el trato fue  acordado y cerrado con su hijo que localizó el anuncio de alquiler en la web.

Jemiel y Erik se habían visto en varias ocasiones, cosa que ésta aprovechó para hacer preguntas acerca de que cosas podría encontrar en aquel país  que pudiera sorprenderla de manera no grata. También solicitó consejo sobre organismos, direcciones, trámites, permisos, visados y todo aquello que pudiese necesitar para poder pasar periodos de tiempo indefinidos.

Un día, ya a las puertas de su partida, Erik  le ofreció alojamiento allá en Noruega, hasta que pudiera disponer del suyo propio tras solucionar el tema de las tierras, ¡y que hospedaje!, nada menos que en el exclusivo residencial de Fink.

Según él, su agencia también se encargaba  de coordinar junto con otras empresas de servicios en Oslo el mantenimiento de apartamentos y jardines durante la ausencia de sus propietarios, en este caso, los propietarios de dicha vivienda, la cuál sólo era usada quince días al año, se encontraban viviendo en Hong-Kong por negocios , dónde permanecerían al menos, un año más .

Jemiel, un poco reacia al principio,  prometió hacer buen uso del departamento y cuidarlo como si suyo fuese. Pero Erik pronto dio a conocer los motivos de tanta generosidad,  de forma muy educada y sutilmente propuso a Jemiel llevar consigo unos documentos que serían recogidos en ese mismo apartamento si a ella no le molestaba, y que le ahorraría a él realizar ese viaje que le coincidía con otro de igual importancia. Le dijo que antes de darse cuenta de que podría confiar en ella, había sopesado la posibilidad de enviarlos por mensajería pero se trataba de documentos originales de suma importancia,  fruto de años de trabajo , por lo que  desestimaba cualquier opción de  transporte  que no fuera él mismo o alguien en quien pudiera confiar.

Jemiel se vio atrapada entre la espada y la pared, tanta confianza la pinchaba con la punta de la espada y tan gran favor debido la inmovilizaba contra la pared sin permitirle escapatoria. Resolvió no darle más vueltas al asunto y seguir con sus proyectos tal cual le vinieran los acontecimientos.

El día de su primer viaje se aproximaba, Jemiel tenía cita el 5 de Marzo y el 4 tomó el Ave, el primero de la mañana, a Madrid.

Estaba con energía y no temía a nada, el tiempo, íntegro, estaba a su disposición para usarlo como quisiera,  aunque realmente el tiempo siempre había estado a su disposición y era en ese momento cuando ella tomó la determinación de que así fuese realmente

Admiraba y miraba el paisaje cuando no fijaba la vista en su libro, echó una cabezada sin creer que la necesitaba y poco antes de llegar  se refrescó y acicaló un poco. Había planeado coger un taxi desde la estación hasta la dirección del ministerio, pero nada más llegar se hizo con un plano de metro y vio que no le resultaría difícil llegar al Paseo de la Castellana, tenía tiempo, así que probó, todo el mundo le había dicho que conducir en Madrid era todo una aventura y que el metro siempre era lo más rápido. Efectivamente en menos de veinte minutos estaba en la parada “Nuevos Ministerios”, pero aquello ¡no era como la plaza de su pueblo!, tras preguntar a dos viandantes y un policía se plantó en el Ministerio de Justicia, una vez dentro localizó las dependencias del registro de Actos de últimas voluntades.

Jemiel se encontraba cara a cara con el notario y el albacea, este comenzó a leer el testamento de Jaqueline Cavendish y mientras escuchaba  cayó en la cuenta de que ella era la única heredera de una persona a la que no le quedaba nada que dejar:

-…y en presencia de su única heredera, la señorita Jemiel Granados Gómez, a quien se le hace sabedora de su última voluntad…

-…por lo tanto, una vez pagados los tributos requeridos al ministerio de hacienda Español y los correspondientes al Noruego, así sean aportados, revisados y sellados los siguientes documentos….

A Jemiel la cabeza empezaba a darle vueltas con tanto texto legal y obligaciones, sabía que se trataba de un trozo de tierra, pero ¿y si al fin y al cabo no se eran más que de unos metros poco aprovechables en algún lejano e inaccesible paraje junto al fiordo?, toda la ilusión depositada en ese viaje empezaba a esfumarse, hasta que la voz del notario volvió a sacarla de su desánimo…

-…600 hectáreas de terreno  emplazados en….

Rápidamente intentó recordar conversiones, las hectáreas no le decían mucho y cuando terminó de hacer cálculo asumió con vértigo y por primera vez  que la amistad con Jaqueline fue lo que realmente iba a cambiar su vida: ¡6 km cuadrados de territorio Noruego era suyo!

-….al suroeste de Bergen, limitando al oeste con Loddefjord, al sur con Bjorge, al sudeste con Bonesberget y al este con Fjosanger, en la comarca de Fyllingsdalen .

Necesitaba un plano urgentemente, aunque eso no le resolvería dicho vértigo pues su mente aun no era capaz de pensar con claridad.

Jemiel no retuvo ni un solo nombre aunque era consciente de que debería empezar a hacerlo….

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