Estar aquí encerrado todo el día es una gran jodienda, tengo que admitirlo. Cada día es prácticamente igual, por la mañana, a primera hora, me traen el desayuno, normalmente es asqueroso aunque a veces traen una especie de tortitas con azúcar que se dejan comer, moriría por un café pero me dicen que no me va bien con la medicación que me dan para mantenerme tranquilo, eso dicen ellos. Después me sacan a hacer un poco de ejercicio, el patio circular donde me llevan tiene grandes muros de hormigón que no me dejan ver nada, el suelo está pintado de rojo y está algo agrietado y descolorido, hay bastantes cagadas de pájaros, no las limpian nunca los muy cabrones, como llueve tanto imagino que esperan que el agua se las lleve pero solo las dispersa y al final es raro el día que no vuelvo a mi celda con algún pegote de mierda enganchado en los zapatos. En esa inmundicia de sitio no se puede hacer mucho, andar de lado a lado, alguna flexión que otra, a veces me animo y corro un poco mirando el suelo para evitar pisar demasiado las cagadas. Cuando en ocasiones sale el sol me siento y apoyo mi espalda en el muro, el calor del sol me sienta bien, me relaja y me imagino que estoy en la playa, recuerdo cuando de pequeño la tía Marta y mamá me llevaban, yo me chupaba los hombros al salir del agua, me gustaba el sabor de la sal, mamá me tiraba de la oreja cuando lo hacía y yo me reía de ella.
Los guardas se van intercambiando según el día y la hora, yo les pregunto cuanto falta para volver a la celda pero rara vez me contestan. Solo hay uno que a veces me da bola, es moreno y tiene las orejas pequeñas, ojos oscuros y labios finos, los dientes algo amarillentos, tiene entradas y la nariz bastante redonda, siempre me ha gustado fijarme en los detalles de la cara de la gente. Le he preguntado alguna vez su nombre pero me dice que no puede dármelo, parece buena gente, imagino que está casado y es feliz. Estoy leyendo un libro, se llama La verdad de Diós, no me interesa un carajo la verdad, pero cuando leo el tiempo pasa más rápido, además cuando lo acabe me traerán otro que espero sea mejor. Los libros no puedo escogerlos, ellos los eligen, suelen ser de carácter religioso con algún tipo de mensaje de perdón como el que estoy leyendo ahora, una vez me trajeron uno de viajes por las grandes praderas de Norteamérica, ese me entretuvo más, otra vez me entregaron uno sobre la historia del béisbol, ese ha sido sin duda el peor hasta la fecha, odio el deporte. La comida no es mucho mejor que el desayuno pero suelen traer un primer y segundo plato con lo que aumenta la posibilidad de que alguno de ellos sea medianamente comestible y tenga sabor a alguna cosa, después de comer duermo, como me dan pastillas con la comida siempre me da sueño. Por la tarde me sacan otro rato al patio si no llueve, a esa hora no me apetece moverme mucho y suelo mirar al cielo a ver si veo algún avión, a veces si no hay muchas nubes se ve alguno, nunca he volado en avión, nunca tuvimos dinero ni a donde ir de vacaciones, mamá se pasaba horas trabajando y limpiando mierda en casa de la gente para que pudiéramos comer, la Tía Marta a veces nos ayudaba, mamá decía que desde que su marido murió se volvió más cariñosa con nosotros y casi siempre pasaba los sábados en nuestra casa.
Las cenas no son mucho mejores que las otras comidas del día dicen que no son muy abundantes para que pueda dormir mejor, que hijos de puta, como si les importara mucho si duermo o no, de todas formas, van a matarme, no sé cuándo, pero imagino que uno de estos días. A veces cuando pienso en ello me da miedo, no les digo nada claro para no humillarme y que crean que han ganado, pero sí, me da miedo pensar en que puedan hacerme algo que me duela o que me maten lentamente como para que me dé cuenta, una tarde pensé tanto en ello que me cagué literalmente encima, se me cortó el estómago y no me dio tiempo de llegar a la letrina. La peste a mierda en la celda me acompaño durante varios días.
Después de cenar me pongo triste. No me siento bien, también me dan pastillas. A veces me duermo enseguida, otras veces mi cabeza no para de pensar y no me duermo y al día siguiente estoy cansado. A veces me acuerdo mucho de mamá, dicen que yo la maté, que tuve uno de mis ataques y la degollé. No es verdad, yo no me acuerdo de nada de eso, me lo meten en la cabeza para que me sienta mal y acepte que es justo que yo esté en este sitio. No es verdad porque la quería mucho y la echo de menos, ¿cómo iba a matarla para luego echarla de menos? No tiene puto sentido así que no es verdad. En el juicio ese que me hicieron no pude defenderme de nada, no me dejaban hablar, mi abogado tampoco dijo gran cosa, solo que yo no estaba bien y que no me daba cuenta de lo que hacía, una vez me dijo que yo había matado a mucha gente y que intentaría ayudarme para que solo fuera a la cárcel y no acabara en uno de estos sitios donde después de darte de comer durante muchos días te acaban matando como a los cerdos o los pollos. Yo creo que muchas veces la gente se muere porque lo merece y luego le echan la culpa a otro, como a mí, durante toda mi vida todo el mundo me ha echado la culpa de muchas cosas, pero ellos no piensan mucho en mi tampoco, nunca me ayudan ni quieren hablar conmigo, tengo muchas cosas que decir porque a veces pienso en cosas buenas que podría hacer pero nadie quiere escucharme.
Lo mejor de la semana es cuando me puedo duchar, creo que es cada dos días pero como ellos nunca me dicen la hora que es ni en que día estamos pues la verdad que no lo sé seguro, de todas formas, me da igual. Me llevan por un pasillo estrecho, no hay mucha luz pero me siento tranquilo, ya me conozco el camino y no me asusta. El jabón huele bien, me gusta sentir su viscosidad contra mi piel, como no hay nadie en losiempre me intento hacer una paja pero nunca lo consigo y me canso, seguro que entre tanta pastilla hay alguna de esas para que no se me levante, que cabrones. Cuando me aburro de tocarme me gusta pasarme las manos por el pelo mojado, me hago un masaje en la cabeza y me siento bien.
Ayer acabé el libro ese de Dios, estoy esperando que me traigan uno nuevo, le pedí al guarda que a veces habla conmigo si podrían traerme otro de viajes, me dijo que no podía hacer mucho al respecto pero que lo comentaría, tengo esperanza de que pueda ayudarme, le pedí que me trajeran uno sobre sobre Africa, siempre me habría gustado ir, en casa de la Tia Marta había un cuadro de unos leones durmiendo debajo de un gran árbol, me gustaba mucho mirar ese cuadro, me relajaba, siempre me han gustado los leones.
Me han dicho que mañana viene otra vez el cura ese a verme, viene de vez en cuando a hablarme del perdón y me pregunta cosas, que si me arrepiento, que si pienso en no sé qué víctimas, que abra mi corazón a Dios, yo siempre le digo lo mismo, que no sé porque siempre me echa la culpa, que si es amigo de Dios y me quiere tanto que me saque de aquí. He pensado además que si como dice quiere ayudarme le voy a pedir también que hable con ellos para que me den el libro sobre África, le diré que si me lo consigue le diré que lo siento y que sí que me arrepiento de todas esas cosas que dicen que hice, yo solo quiero leer sobre leones y de como se aparean con las hembras y matan a gacelas y jirafas, nada me haría más ilusión que me dieran ese libro.
Hoy ha hecho un día bonito y he podido ver un avión sobrevolando el patio, me he preguntado a dónde iría, quizás a Africa, o a Rusia, ahí sí que se debe vivir de pena con tanto frío. Por la tarde ha venido el cura, le he dicho que me pida el libro de leones y no le ha gustado que le dijera que si me ayudaba yo le ayudaba a él pidiéndole perdón para que pudiera decírselo a Dios de mi parte. Creo que se ha enfadado porque se ha ido farfullando algo y negando con la cabeza. Al poco tiempo ha llegado un guarda con un libro nuevo. No es de Africa ni de leones. Se titula “Cómo mejorar tu destreza en el tenis”. Hijos de puta.
Esta mañana he vomitado todo el desayuno. ¿Me estarán envenenando? He pedido que me llevaran al médico. Me han dicho que sí, que enseguida me acompañaban pero ha pasado un buen rato y he vuelto a vomitar, además de mancharme los pantalones, vomitar me ha servido para que esta vez sí se dieran prisa y me llevaran a la enfermería. Estuve una vez allí, hace tiempo, fue porque me atraganté comiendo y casi me muero allí mismo. La enfermería esta al final de otro pasillo con poca luz pero me gusta salir de la celda. Le he pedido al doctor si él puede hacer algo para que un día me traigan un libro sobre África. Me ha dicho que no. Me he puesto triste. Le he preguntado si sabe cuándo van a matarme y me ha dicho que no me preocupe por eso, que falta tiempo y que aproveche el tiempo para conocerme mejor. No le he entendido la verdad, yo ya me conozco, lo que me gustaría es conocer a otra gente pero claro aquí no me dejan, además son todos muy antipáticos porque no hablan mucho y yo tengo muchas cosas que contar.
Esta noche he soñado con mi primera novia, se llamaba Virginia, creo que he tenido una erección o al menos se me ha puesto un poco dura porque yo la besaba mucho en el sueño y luego le tocaba las tetas, fue un verano, eso no fue un sueño, me acuerdo muy bien, recuerdo el olor de su piel, siempre se ponía un aftersun de esos después de ir a la playa y a mi me encantaba ese olor. Me gustaría verla y decirle que me ha gustado mucho soñar con ella pero no creo que se acuerde de mi o ahora que lo pienso a lo mejor me vio en las noticias de la tele y los periódicos, como han dicho muchas mentiras sobre mi se habrá puesto triste, quizás ha intentado venir a verme y no la han dejado pasar, yo siempre la traté muy bien y le llevaba flores que recogía en un campo que había cerca de casa.
Después del patio me han llevado a ducharme, me he acordado de Virginia, me he tocado y casi consigo correrme esta vez pero uno de los guardas me ha chillado que tenía que salir ya y me ha cortado el rollo, el muy cabrón, seguro que el sí puede pajearse en casa sin que nadie le moleste. Durante la comida he pensado en como controlar mi mente y poder soñar cosas bonitas, con Virginia o también con Darío, mi primo, el hijo de la Tía Marta, era dos años mayor que yo, me acuerdo de que siempre me obligaba a jugar al futbol, yo era muy malo y siempre acababa dándole patadas en la espinilla y él se enfadaba. También nos subíamos a mirar por la ventana de los vestuarios de las niñas del colegio, intentábamos verlas mear, nos daba la risa al verlas ahí sentadas como si estuvieran haciendo algo importante, con lo fácil que era para nosotros sacársela en cualquier lado cuando te entraban ganas. Una vez nos peleamos fuerte Darío y yo y le arranque un trozo de oreja de un mordisco, mamá y la Tía Marta se enfadaron mucho conmigo, creo que me castigaron duro y pasé mucho tiempo sin ver a Darío, luego hicimos las paces y seguimos jugando juntos. Cuando la Tía Marta se fue de la ciudad dejé de verlo, me puse triste. Me llamaba de vez en cuando pero cuando empecé a salir en las noticias nunca supe más de él.
Esta noche no he soñado con nadie ni con nada, leí una vez que siempre se sueña con algo pero que luego por la mañana se nos olvida, pues eso, que no me acuerdo. Ha llegado un señor que no conozco, va muy elegante y no para de hablar muy alto, me molesta, ha dicho mi nombre varias veces, parece que por fin me van a sacar de aquí. Como sé que no van a traerme el libro que les he pedido, creo que ya ha llegado el momento que deje que mi pelaje, mi cola, mi melena y mi cabeza crezcan, mis manos se conviertan en garras y mis dientes en colmillos, que el león se haga presente y nos devore a todos.
El libro del taller
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