No se rompe lo que ya ha sido sellado
I Las hojas secas crujían bajo las botas de Mateo mientras avanzaba por el sendero que se hundía en el corazón del bosque. El aire, húmedo y cargado de aromas terrosos, parecía retener siglos de silencio. A su lado marchaba Clara, con el rostro encendido por el cansancio y una resolución que contrastaba con su...