Años sin Dickens
El despacho del señor Torre no estaba en las avenidas elegantes ni en los bulevares donde los caballeros fumaban sus cigarros importados y las damas lucían encajes traídos de ultramar. No: se hallaba al final de una calle estrecha, torcida como un dedo artrítico, donde el aire olía a carbón húmedo, sopa rancia y desesperanza....