La promesa de las dos cartas
Había un runrún que se repetía entre los más jóvenes (bueno, también viejos) del taller de escritura de Fuentetaja, pero cruzando el Atlántico, en Buenos Aires. No lo decían con la solemnidad de una noticia importante, sino como se cuentan esas historias que parecen una mezcla de superstición y experiencia, con un dejo de complicidad. Se murmuraba...