En el despoblado paraje, enclavado en lo más profundo de la Sierra, quedaba la vieja estación de ferrocarril. Casi en silencio, donde sólo se escuchaba el susurro del viento, a veces interrumpido por el aullido de algún lobo que merodeaba por los alrededores. Desde el andén, se podía apreciar la verde y pintoresca cadena de montañas, impresionantemente bellas, con sus barrancas e innumerables recursos naturales. Una vista espectacular.

Cuenta la leyenda, que en lo más recóndito de la montaña había una cueva habitada por duendes, espíritus ancestrales. Algunos resultaban ser muy peligrosos, se alimentaban de la energía humana, y los lascivos gustaban tener relaciones sexuales con las mujeres, solían presentarse por las noches, mientras dormían.

Una reciente investigación dirigida por el historiador y antropólogo, M. Fernández, de la U.S.C., revela un vídeo de estos hechos.

De momento es todo el informe que tenemos acerca de este documental. Pero la temática cobra cada vez más fuerza en torno al mundo. Este asunto ha suscitado la curiosidad del público. Los escépticos atacan estas prácticas de forma crítica. El  Vaticano ha combatido estos ejercicios señalándolos como producto del más allá, y el hermetismo del sector científico lo cataloga como algo insólito. Nunca visto.

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