CONTRADICCIÓN INOPORTUNA

CONTRADICCIÓN INOPORTUNA

Nos fundimos en un abrazo tan poderoso que comenzó a faltarme el aire. Mi corazón acrecentaba sus latidos cada vez que se anunciaba una nueva parada: «Próxima estación, Avenida de América». Las puertas se abrieron y salió un reguero de gente, conmigo cerrando filas. Arrastré desfallecida mis maletas y mis pasos, que me alejaban del único lugar en el que quería estar. El tren retomaba su marcha mientras yo reunía coraje para llevarme una mano a la boca y lanzar un beso urgido desde el andén. A escasas horas me esperaban mi marido y mis hijos, tras largos y sacrificados meses de ausencia defendiendo en tribunas enardecidas las ventajas de la familia tradicional. 

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