La Gorgona

La Gorgona

Javier Sosa

02/04/2026

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En uno de los anaqueles de la Bibliothèque Nationale de France, se encuentra una curiosa obra, titulada: “Sobre los marginalia”, escrita por un tal Jean-Paul Ertras (Gallimard, 1913). En su interior, el autor realiza una revisión exhaustiva (y algo tediosa) de las anotaciones de los copistas hasta la invención de la imprenta.

El tomo VI -páginas 1457 a 1472- se ocupa de la “Biblioteca Mitológica” del pseudo Apolodoro, que remite al verso 275 de la Teogonía de Hesíodo, cuyo tema es la Gorgona. Remite también a una presunta edición temprana -hoy perdida- atribuida a Stephanus, sobre un comentario de Boccaccio a las obras homéricas; sin embargo, la mayor parte de los especialistas considera a esta obra inexistente, o acaso apócrifa.

Dice Ertras: “La idea de la Gorgona en la obra de Apolodoro, si bien ajustada en general a la referida por Hesíodo, no toma en cuenta el marginal 57.341, atribuido a Amancius. Esta anotación remite a la interpolación de un pasaje de la Teogonía —el verso 276—, descartada luego por los primeros exégetas del siglo II y eliminada del corpus de la obra.

“Según la glosa, el verso puede considerarse auténtico, y presente ya en el tiempo de Homero…”. A pie de página, figura el verso eliminado —o su reconstrucción—, en francés y en griego. Dos palabras llamaron mi atención: “epistéme” y “líthos”.

A partir de estos datos (sean reales o apócrifos, para fundamentar su hipótesis), Ertras recompone el mito de la Gorgona. El concepto central (a pesar del estilo, abundante en arcaísmos) se me ocurre atemporal: la Gorgona como símbolo –o “mimésis”, según el propio texto— de la cosificación del otro:

“El hecho de que fuera la única [de las tres hermanas] mortal, nos presenta un primer indicio. Sólo los seres humanos pueden convertir en piedra a su prójimo. La violación de Poseidón (en la tradición esotérica el agua está relacionada con las emociones), indicaría la traición de los sentidos. Tampoco parece fortuito que este evento tuviera lugar en un templo de Atenea (la razón). De esta unión surge (como Eros de Poros y Penia), el caballo alado y la fuerza de la espada de oro. Como condena, la Diosa le otorga lo único que podía ofrecer, el único poder con el cual podía destruir a la Gorgona: sabiduría.

“Así, comprender es forzosamente descomponer, desmitificar, deshumanizar: convertir al otro en una piedra, algo inamovible, un objeto. Hacia el final del verso, se menciona cómo es ésta la razón por la cual es necesario darle muerte; es el resto de los hombres (que luchan por estar vivos, por salir de la cosificación) quienes necesitan que la Gorgona muera”.

Hacia el final del capítulo, Ertras supone una larga cadena de autores influenciados por este verso, así como espíritus (ecos, si prefiere el lector) de esta idea en algunos autores: El “esse est percipi” de Berkeley, se le ocurría poco probable sin la existencia del verso. Espejos de esta idea pudo inferir en el Caín de Byron y en la usurera asesinada por Raskólnikov.

Salvo la presente nota —de la que doy fe, por haberla tenido en las manos—, no he encontrado otra referencia a este verso. En vano he buscado las fuentes citadas, sin mayores resultados. He encontrado, sin embargo, una cita oscura atribuida a Pierre Grimal, desacreditando un verso 276; sin embargo, no figura —al menos en el recorte al que tuve acceso— la obra merecedora de tal calificativo. Una pequeña nota al margen —un marginal dentro del libro— menciona, con tinta eterna y casi ilegible, a Sartre cuando declara que: “el infierno son los otros”.

Quizás no exista tal verso, aunque su inexistencia no le reste verosimilitud. Quizás nuestras experiencias devengan inevitablemente en un solipsismo fatal. Si ese fuera el caso, quieran los Dioses que las presentes palabras —toda palabra es reflejo del infinito y de su causalidad— no sean las que me conviertan en la Gorgona, ni que los ojos que la lean hagan que corra la misma suerte.

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