Destellos en la niebla.

Destellos en la niebla.

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Fileas bajaba de su palacete por la escalera marmórea que daba justo al enorme jardín francés cada vez que sentía la pulsión de no recaer en sus excesos con lsd y el opio. Aun se diría que estando lejos de la ciudad se consideraba un depravado.Su fortuna le había permitido todos los caprichos e incluso comprar voluntades para hacer y deshacer a su antojo.

Lo que más le gustaba era perderse por el laberinto de setos, donde se evadía con facilidad.

Una mañana al levantarse, observó desde su dormitorio como una niebla densa ocupaba todo el jardín, en especial la parte laberíntica, lo que atrajo su atención.Le resultó extraño que aquella bruma se posase allí.

Sin pensarlo, se cubrió con la bata, enfiló el camino por la rosaleda hasta llegar al portal del laberinto.Algo brillaba y su curiosidad le invitó a entrar.Por cada paso que daba sentía que su corazón lo tenía en la garganta. Por la luz era guiado. Solo podía ir hacia delante empujado por la visibilidad de aquel halo de luz que le conducía al interior.

Ya adentrado y con el pelo mojado por la niebla, la claridad se fue debilitando hasta llegar a diluirse en el suelo donde vió un cofre de medianas dimensiones.Atribulado se acercó y pudo ver una inscripción que decía «nacerás contra tu voluntad y morirás contra tu voluntad».Sin dudarlo lo abrió y   halló un pergamino que decía «ciudad de Isán».Más  abajo fue desenrollando, acariciando un párrafo e inmediatamente se sumergió en un túnel aún más luminiscente que le trasladó a una plaza con edificios metálicos, brillantes, donde  era observado por una gente extraña que tenían en común una mandíbula prominente.Se sentia un extraño en una extraña ciudad.

Un hombre de aspecto afable se le acercó , diciéndole»te estábamos esperando, sin lugar a dudas eres el elegido, la muchedumbre te espera y tendrás la misión de ayudarnos. Aquí si alguien comete un asesinato involucionamos mentalmente, retrocedemos al pasado, sufrimos.Acompañeme, soy Lagán, el chamán y dirijo los asuntos de esta ciudad».

Fileas sintió cierta ingravidez, le pesaba menos su cuerpo, sus pasos eran ligeros.Le llamó la atención el exceso de árboles en las calles.El aire estaba demasiado oxigenado,limpio.Los coches se sustentaban sin ruedas.La gentes parecian muy serenas.

El hombre le llevó  delante de un gran edificio con forma de dado y le invitó a entrar por una puerta redonda.Le recibieron cuchicheando.»El motivo por lo que está usted es porque alguien ha matado a mi escriba y suponemos que ha sido por un pergamino.Al parecer contenía todos los nuevos preceptos vitales para el orden supremo de Isán.Tenemos sospechas consistentes, ya que en nuestra ciudad no existen rencillas.Solo son dos en ésta ciudad conocían el poder de este documento»

Fileas combinó» ¿ Y yo que tengo que ver en todo eso?».

–Usted estuvo con uno de ellos hace dos días,por la mañana.

–¡Pero ni tan siquiera sé cuanto tiempo llevo aquí! No se nada de este sitio.

–¡Usted sabía del pergamino!–Insistió Lagán.

–Solo creo saber que es lo que me ha traído hasta aquí–contestó Fileas.

–Entonces sabe lo que contiene.Además, el otro sospechoso habló con usted porque quiso guardar a buen recaudo el rollo.Fue usted quien trajo el cofre y con toda seguridad el que mató a mi escriba ya que le encontraron las manos manchadas de sangre.El cadáver apareció degollado y estuvo allí.

Fileas frunció el ceño y gesto meditabundo comenzó a pensar, recordando quien le llevó ante el escriba.Sin embargo Lagán insistió:

–Lo único que queda por saber dónde está el rollo.Solo así comprenderé lo sucedido.Creo que lo tiene a buen recaudo.

De repente Fileas se sintió atacado.Parecía que le habían dado una descarga eléctrica.Después sin poder evitarlo se hundió, deseando que la verdad no fuese real.Sin embargo,creyó.Condujo al chamán hasta el lugar del crimen.

Todo estaba revuelto.Había sangre seca detrás del escritorio,las cortinas se encontraban entreabiertas dejando escapar unos tenues rayos de sol.Parecía  que el caos se apoderó de él.

Relató con gran exactitud como degolló a al escriba, como siguió paso a paso el dictamen que le ordenaba el pergamino,como y hasta ese mismo momento había sido guiado.Una niebla espesa inundó la habitación, justo después comenzó a vagar por el laberinto de setos, saliendo del trance toxico, volviendo más allá de los sueños.

 

 

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