Sopla…y pide un deseo

Sopla…y pide un deseo

Olivera

15/03/2019

«Son muchas las veces ya las que he visto ofertas de empleo que me han sacado de mis casillas. No sé por qué motivo las personas que lo ofrecen no saben diferenciar entre niñera y limpiadora del hogar.

¿Cómo es posible que una persona tenga que recoger a los niños del cole, hacerles la comida, dársela, ir a llevarlos de nuevo, recogerles, ayudar en deberes y además poner lavadora, tender, barrer, fregar,…por 25 euros diarios?

¿Y estar en la casa de la familia a las 7 de la mañana para planchar y limpiar los baños mientras los niños duermen y después atenderles y llevarles al cole por unos 200 euros al mes?

Son solo ejemplos de los tantísimos casos reales que hay.

No creo que sea lo mismo cuidar a un niño que realizar los quehaceres del hogar y, por lo tanto, deberían pagarse ambos empleos, no unir y que todo sea uno.

Para más inri, piden que la persona sepa inglés, tenga estudios relacionados con la educación,… ¿y todo eso no lo valoran después? Cada uno debe ofrecer acorde a lo que puede dar… si vas a pagar poco dinero, no pretendas que tu niñera sea “multiusos”. Elija y dé prioridad a lo que realmente necesite.

¿Os imagináis que el médico que os atiende en el hospital o en su consulta, también tuviera que analizar la sangre o las pruebas de orina? Los del laboratorio tendrían menos o nada de trabajo… ¿o que el profesor de primero de la ESO sustituyera al de infantil? (ups…me temo que esta barbaridad ya se comete,…como si fuera lo mismo, como si no hubiera personas esperando a que se las llamara para trabajar),… ¿y si el juez retrasara el juicio porque tuviera primero que limpiar la sala?

No señores, cada empleo es cada empleo y a cada uno le corresponde lo que le corresponde, ni más ni menos. El zapatero, a sus zapatos.

La señora de la limpieza no tiene por qué saber inglés o por qué ayudar en las tareas al niño….por el mismo motivo que la niñera no tiene por qué saber planchar, ni hacerlo, ni pasar la aspiradora,…

Y, si usted lo quiere, pague lo correspondiente a dos empleos porque son dos empleos diferentes lo que está pidiendo.

¡¡Vamos a valorar a las personas, sus empleos y sus derechos señores!! ¡¡Si no puede ofrecer, no espere tampoco recibir!! Todos necesitamos comer, pagar facturas y vivir. TODOS»

Claudia escribió esas palabras eufórica.

Llevaba casi siete meses en paro y su vida laboral no había sido muy frondosa.

Decidió, en su día, estudiar Magisterio Infantil porque amaba a los niños y ver sus caritas de entusiasmo cuando aprenden algo nuevo. De pequeña, jugaba con su hermana a ser maestra, fingiendo que el armario era la pizarra y usando su dedo de tiza. Se inventaba crucigramas, dibujos que se descubrían al unir los puntos, sopas de letras, manualidades,… Siempre estaba con una libro entre las manos y algún que otro color.

Quiso ser muchas cosas, incluso criminóloga y monja, hasta que al final fue maestra.

Sí, lo fue, aunque durante mucho tiempo sólo lo ponía en su diploma colgado en la pared.

Trabajó durante muchos años como monitora en el comedor escolar de un colegio privado, esperando que algún día llamaran a su puerta `para ofrecerle, aunque fuera, la sustitución de un día. Nunca llegó. Esas oportunidades siempre se las dieron a otra y ella tuvo que conformarse con sustituciones en el aula matinal y con recoger las papeleras. Sí, habéis leído bien. Al terminar sus horas en el comedor, iba patio por patio recogiendo la mierda de las papeleras.

Trabajó ya antes en la limpieza pero no era lo mismo. Aquí, los niños la veían en dos escenarios distintos y nunca en el que ella tanto soñaba.

Así estuvo cinco años.

La única opción motivadora que encontró para salir del bucle fue viajar. Se fue a Italia para ser aupair y, sobre todo, para que su autoestima creciera gracias a las experiencias.

Estuvo unos meses que le dieron para aprender italiano. No, no piden el b2 de este idioma en ningún colegio pero era lo que ella quería.

Tras su regreso a España, la primera opción de empleo fue la limpieza de la obra de un supermercado muy conocido, lo cual compaginó durante dos semanas con unas horas en un «restaurante» de comida rápida.

Que cansada estaba de trabajos precarios…de no llegar a donde ella siempre había querido.

Se sentía tan perdida…

Y lo hizo, comenzó a mandar currículums a la ciudad a la que siempre dijo no ir a vivir ni a trabajar: Madrid, y se dedicó a lo que siempre se negó: hostelería.

Pasó momentos difíciles pero era tal la fuerza que cogió en el viaje que su autoestima estaba en alza. Puso cervezas, puso cafés,… y allí conoció al que hoy es su pareja.

Después de aquello trabajó como monitora de ocio y ayudante de camarera pero nunca cesó de buscar empleo de lo suyo: la educación.

Un día, cuando ni lo esperaba, una mujer la escribía al otro lado de la apantalla del ordenador ofreciéndola trabajar en su escuela.

Todo sonaba bonito…hasta que dejó de sonar. Tras dos meses en ella, por causa de la poca afluencia de niños, fue despedida.

Se vino abajo…ya no sabía qué hacer. No tenía derecho a paro por haber dejado el trabajo de monitora para entrar en la escuela. Le salió todo tan mal…

Estuvo meses paralizada, sin saber hacia dónde caminar. Comenzó incluso a preparar oposiciones de Auxilio Judicial (habría muchas plazas y necesitaba estabilidad laboral).

Casi siete meses sin trabajar y sin cobrar absolutamente nada.

El otro día, sin esperarlo, ve una oferta de empleo en una escuela infantil. Envía el currículo esperando un no…

Ese mismo día, la citan para entrevistarla.

Al día siguiente…es seleccionada para cubrir el puesto vacante.

Hoy, hace una semana que entró.

Hoy, lo que tanto buscó…no sabe si lo quiere o no.

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