Morder el polvo

Morder el polvo

Syckboy

31/03/2026

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El motivo de esta carta, es el mismo motivo por el que un desquiciado busca transformar sus cadenas eternas en alas etéreas. Liberación.

Comala no es prisión, es reposo interior. Es un resort para el asceta, un recreo para el místico y una inspiración para el sabio. Para algunos, según el momento, el reposo se torna rancio y aburrido, capaz de hacer languidecer al más paciente. Para otros, este modo de existir nos parece una condena, en la que no existe prisión palpable.

Así como por tu localidad cada uno vive teniendo todo aquello con lo que se conforme, aquí cada uno tiene que aprender a conformarse con lo que vive. No es lugar para el inconformismo, deseo ni aspiraciones. Esas son algunas de mis pesadas cadenas. Cargar con ellas resulta absurdo aquí, donde todo es distinto.

He visto como el peso de las cadenas de la inconsciencia encorva a sus portadores, hundiéndoles bajo la yerma tierra de por aquí. Al igual que he caminado entre multitudes agrupadas en un espacio rebosante de tranquilidad y sosiego.

¿Quién soy yo? Soy polvo olvidado, arena danzante bajo la tormenta en el desierto. Es todo lo que recuerdo ser. Llegaste a conocer mi nombre, pero este nunca importó.

Tú tienes que ser esa chica de cabello cobrizo y mirada pícara, de piel nívea y actitud sensible, aparentemente cariñosa, con quien en calurosas tardes de verano bromeaba con un quizás, y tú respondías con un tal vez, para después desaparecer en oscuras noches mágicas. Que dejaron de ser mágicas cuando dejé de intentar conocer el secreto, me aprendí el truco y cacé al conejo, o al menos a uno de ellos.

Me hiciste sentir como un imbécil. Debe ser así como se sienten los enamorados. Por lo menos los poco afortunados.

En algún punto de mi estancia en Comala, conseguí disolver mi roñosa cadena del rencor. Y es un alivio. Es una menos.

Por lo tanto, no te guardo ningún rencor, es más, te deseo una vida simple, práctica, en la que sepas estar contigo misma, da igual si soplan vientos de recesión o bonanza. Sin caer en el hastío o la desidia, evitando el entumecimiento emocional. Cultivando tus sueños y no los de otros. Forjando la virtud que pueda iluminar el camino allá donde fueres.

No espero que nos veamos por Comala. No tiene sentido esperar caer una vez más tras iniciar el vuelo.

Así me despido, con mis más áridos recuerdos: Para aquello que no pudo ser, ni estar, tan sólo parecer.

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