Lombriz de pozo – Carta a Arturo

Lombriz de pozo – Carta a Arturo

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Querido Arturo,

Recuerdo cómo en la tardes espesas te quedabas viendo la llanura de la Media Luna y hasta los zopilotes huían en bandadas por sentirse observados. Tus ojos bien abiertos, brillantes y profundos como el pozo que se rehúsa secarse en este pueblo de ecos.

Mi niño, ya no tan niño, ese Colima dicen que se diluye con el sol, ¿serás feliz allí? Tu padre algunas veces me platica en sueños sobre ese pueblo, se queja como un niño amoroso, me busca, me pide que lo abrigue del frío, que lo regrese a Comala. Pero en esos sueños no se acuerda de ti. Los sueños algunas veces son así de crueles.

Tanto que rezuman en la vigilia cuando menos lo esperamos. Algunas veces es en los callejones, como si del sueño brincaras a jugar con una pelota que rebota invisible en la polvareda. En otras tu voz de niño se cuela entre los susurros que se confunden con el silbido del viento. Pero la más cruel ha sido cuando estaba yo buscando el caballo del difunto don Miguel, un animal hermoso por el que no pagarían poco y, mientras cabalgaba, te sentía conmigo, te veía en mi regazo, agarrado a la silla, mirando más allá de la niebla, temblando un poco en aquel sendero solitario.

¿Te he platicado en tus sueños, así como tu padre en los míos? De pronto sí, de pronto ya te platiqué de Jesús. ¡Ay, mi niño Jesús! Ustedes eran una tierna lombriz en mi vientre, que se dividió en dos al nacer. Todavía veo la expresión de tu padre, todavía escucho el consejo de la bruja Eduviges. En este pueblo de soledad y hambre, las decisiones deben ser tan crueles como los sueños.

En el sendero tal vez no eras tú en mi regazo, sino Jesús, que salía del Infierno para sacudirse un poco el frío. Arturo, así fue cómo te bautizó el Padre Rentería, pero tal vez seas Jesús y hayas dejado tu nombre en ese profundo pozo.

No vuelvas, mi niño. Aquí los vivos solamente encuentran el delgado aire; los muertos, la sofocante eternidad. Busca nuestra memoria en el nopal, en el cielo de sed, acuérdate de nosotros cuando sueñes con la verde llanura.

Te quiero,

Mamá

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