Ignoro si todavía vives allí mismo, donde te dirigí mi última carta en marzo de 1984, que no me respondiste, y, que tampoco me la regresó el correo.

Entonces, deduje, que se había extraviado o el cartero que debía repartirla, como no encontró tu dirección, se la quedó, se la guardó para su archivo íntimo de cartas no entregadas; que tampoco las reportó a su oficina de repartos, para no crearse líos con su superiora.

Te escribí para confesarte que recordar lo que fuimos y también aquello que no fuimos, o quizá, lo que sí pudimos haber sido, significó un momento inolvidable; pues, pudiste llevarte entre tus ojazos almendrados, profundos, serenos, debajo de aquellas cejas, perfectamente delineadas, que parecían guardar con solemnidad ancestral, todo ese dilecto brillo de tu autenticidad propia, que no requería el aplicarse más que la sublime naturalidad de tu silencio, sin parpadear.

Fuiste, y lo eres aun para mis íntimos recuerdos, una pequeñina especialmente admirable; a la que no supe retener en el arte sencillo del amor a primera vista, ése que te atrapa sin que logres atrapar a quien sí te atrapó.

-Te escribiré, lo prometiste; pero nunca retornaron hacia mí tus palabras, ni tus voces, ni tu aliento, ni tus ojos profundos, almendrados.

Te perdiste en el silencio del olvido que hiela las sienes de pensar, de anhelar como de soñar, aquello que pudo ser bello y placentero; más, solo fue un deseo a una banda, que no encontró la banda de retorno.

Pequeñina, donde quiera que estés, si, en algún momento me recuerdas; quizá si recibiste la carta, la leíste; pero no te provocó una respuesta, puedas saber descubrir, que te hubiese amado, si me lo hubieras permitido; porque enternecerme pude entre tus ojazos almendrados, y fue el instante mayormente ideal, que logré sentir a primera vista, al sentirme fundido en ellos, como se funde la plata en el cincel de un sentimiento amorosamente espiritual.

Pequeñina, no fue casualidad el haberme eclipsado entre tus ojazos almendrados.

Fue toda una placentera causalidad que aún me tiene muriente, anhelante y con vida. FIN.

Votación a partir del 01/04

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS