Si oyes estas palabras, es que debes estar muerto.
O que soy yo el que se está oyendo por dentro.
Y no deberías entrar en el reino de los cielos.
Solo buscabas el placer de tu cuerpo.
Ya he abandonado la vida.
Esta vida es eterna y sin Cristo.
Tengo sed de agua bendita…
Han de tener un mal sueño porque no descansan nada.
La luna está brava esta noche.
¿Dónde estará tu cuerpo?
Todos mis parientes se apiñaron y me dijeron que ahorita me iba a morir por exceso de tequila.
A ellos los desvivieron asesinados por la espalda.
Hace ya tiempo que se me acabaron las ganas de tomar.
Ahora el agua es vieja con sabor a ranas.
Escucha…
Solo oigo el soplido seco del viento.
Comala, tamaña tierra para tan pocos cuerpos.
Así nomás dicen los decires.
El rencor, la codicia, la terquedad me llevaron a la ruina.
Me murieron allí no más a cuchilladas en la tripa.
Mis pecados no los podrá perdonar ni el mismísimo Dios.
A pesar de todo, intercederé por ti antes de desvanecernos.
Deseaban tu muerte, pero aun así pueden llorarte un poco.
No deja de rondarme por la cabeza todo.
No me dejan en paz…
A mí se me están deshaciendo en pedazos los recuerdos.
Lo que me molesta, lo olvido.
Y así, por olvidar ciertas cosas, he perdido la memoria.
La memoria es una cosa muy rara.
Se sufre un poco… con los remordimientos.
Sí, esos son remordimientos.
Remuerde como perro flaco.
Como hambre que no se quita ni con rezos.
Me acuerdo y no quiero.
Pero se mete.
Se queda.
Peor tantito.
Nomás de pensarlo… ¡Me arde! Aquí.
No es el alma.
Esa no la tuve.
Es otra cosa.
Un hueco.
Un hoyo negro.
Que no se llena.
Dicen que Dios perdona.
Pero uno no.
Yo supe.
Desde antes…
Pues así fue.
Ni modo.
O eso creí.
Ahora es puro acuerdo.
Puro estar y estar.
Quise mal.
Nunca lloré para no engañar.
En un ratito vuelve.
Más recio.
Más hondo.
Me habla.
Quedito.
Pero no calla.
“Fuiste tú”, dice.
“Fuiste tú”.
Y yo digo que no.
Pero sí.
Sí fui yo.
Y no eras otro.
Era yo.
El mismo al que le hablo.
Ni pa’ dónde hacerse.
Ni pa’ atrás.
Ni pa’ ningún lado.
Aquí se queda uno.
Rumiando.
Masticando culpa.
Hasta quién sabe.
Cartas desde el polvo
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