Para ti y de ti, querida mía:
Siento que he escrito lo mismo por años y por alguna extraña razón vuelvo a empezar.
Al final de mis letras regresarás a la realidad en la que ya no me encuentre, más me vale poderte transmitir todo lo que siento por ti, pues eres mi verdad. Eres el ahora.
Serás todo aquello que me preocupó y alegró durante las tardes alborotadas. Eres la vela que encendía por las noches mientras mi alma se mezclaba con nuestra tierra Comala.
Hace poco me susurraron el rumor de que un joven llamado Juan busca a Pedro Páramo. Si, el Pedro Páramo del que seguramente ya escuchaste, escucharás o vas a leer en periódicos. Tal vez en un libro. El que tira la moneda para arriba; la suerte y verdugo de nuestro pueblo. Ojalá que los astros bendigan al muchacho. Que el aventurado Juan Preciado salga con vida. Ya somos muchos aquí como para albergar otra alma.
Mi niña, me apena que tu infancia y juventud la pasaste en este pueblo que ya desde hace mucho anunciaba su caída.
Recuerdo cada pregunta que me hacías; sobre la gente, la fachada desgastada, sucia, desinteresada e inquietante de los hogares, la tierra fría, los caminos desolados y sobre el ambiente sofocante como si se tratara de una aspiradora silenciosa que te va dejando sin aliento. Estoy seguro de que comprendes el por qué debía disfrazarse la verdad sobre nuestra tierra Comala. Traté de darte fe, creer que se podía salir de aquí y superarte.
Esto lo decidí desde aquella tarde fresca de febrero, ¿lo recuerdas?
La última vez que jugamos en el parque central, antes de que comenzara a deteriorarse. Aquella vez que por un descuido te perdí de vista. No te encontraba y sentí que te había perdido para siempre. Me reclamé como un padre decepcionante, aparte de torpe e ignorante por no saber cuidarte. Me sentí con el alma presionada como jamás lo había experimentado. Ese día fui el más humano. No me importaba algo más que ver de nuevo tu rostro, verte a salvo. En cuanto apareciste de tu escondite todo tuvo claridad de nuevo. Lo que para ti significaba un juego inocente, para mí, fue comprender el significado de lo que es morir, pero también vivir por amor.
Eres lo más bendito de mi mundo y tal vez el mayor legado que tengo por presumir.
Continúo tratando de llegar a tus sueños, sé que estoy cerca. De seguir tu camino, pues, me conformo con que sea unos pasos atrás de ti, mi hermosa niña, mi orgullosa hija.
Mi regalo del universo por ser tan parecida físicamente a tu madre, sabes bien que esa es la razón de llevar su nombre.
Me despido, mi amada Esperanza. Recuerda que en un momento de nostalgia, cuando me extrañes o necesites de un consejo, cuando recuerdes mi amor, incluso mis fallas; puedes encontrarme sobre la luna y el sol, bailando con ella.
Cartas desde el polvo
OPINIONES Y COMENTARIOS