Durante años recorrimos animosos los espejos de agua, las calzadas antiguas y desgastadas y los baches. Ese día sin previo aviso mi compañero triste y decaído se negó a continuar. La niña lo reviso; está roto dijo, zapato viejo y gastado. Entonces, entramos por última vez (recuerdo) a ese lugar repleto de lustrosos y brillantes como habíamos sido alguna vez. Años después aún recuerdo esos caminos, ahora la ciudad yace solo en mi memoria.

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