El tiempo se desvaneció, al igual que su esposa, hijos y amigos. Solo le quedaba la escritura… y esa dura y áspera soledad. La tristeza la plasmaba en cada hoja para que las cargas salieran de su deteriorado cuerpo.

<<No tengo fuerzas para volver atrás, ni buena vista para ver el futuro, pero el tintero ha sido mi amparo y mi amigo>>.

Solo se enfocaba en el papel y en la compañía de sus alumnos. A veces temblaba al recordar, pero cuando se levantaba el sufrimiento desaparecía.

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