INTRODUCCIÓN

Esta propuesta es el resultado de un trabajo fundamentado en una técnica usada por los surrealistas en 1925 y se basa en un juego de palabras llamado:

CADÁVER EXQUISITO.

Esta propuesta literaria, grupal e intuitiva, ha sido creada por algunas «CHARQUERAS » del grupo virtual de literatura denominado « CHARCA LITERARIA », a partir de una estrofa poética escogida al azar, y que inicia el juego. Las distintas estrofas de inicio pertenecen a la autoría de poetas reconocidos que cultivan este género, y a quienes se le da en este proyecto los respectivos créditos.

Decía el vanguardista suizo Nicolás Calas «…que un cadáver exquisito tiene la facultad de revelar la realidad inconsciente del grupo que lo ha creado…»

Queridos lectores, aquí les presento nuestra «realidad inconsciente»


LOBA, GATA, LUNA

*«Te quiero como gata boca arriba,

panza arriba te quiero

maullando a través de tu mirada,

de este amor-jaula

violento,

lleno de zarpazos

como una noche de luna…»

Sin que la luna eclipse tu fuerza de amor.

Loba, Gata, Luna,

déjame probar tu sabor,

tu olor, ese que me emborrachará en esta noche abierta,

llena de texturas y sombras, que se escapan a la razón.

Te quiero como una tigresa agazapada,

oculta tras altos matorrales,

apenas iluminada por la luna

y presta a liberarte de mi yugo.

Te quiero como sol de verano,

como lengua que abrasa,

ardiente,

quemante,

combustible,

asfixiante.

Te quiero mía, solo mía.

Llegó la tormenta, los truenos, los relámpagos,

la lluvia torrencial.

Huyes alocadamente.

Gritas ¡Libre!

Me quedo vacío, solo.

Espero ansioso la llegada

del nuevo día que,

tal vez,

te traiga junto a mí:

loca,

alegre,

amante,

enloquecida.

Seguiré esperando ese inefable momento

para disfrutar la fiereza de lo que tienes por dentro:

esa gata boca-arriba, que maúlla en los tejados,

que huele a gata en celo,

que me tiene enamorado.

* NOTA: La estrofa entrecomillas es del poema « Como gata bocarriba» de Gioconda Belli, poeta, novelista y activista nicaragüense (1948)


POEMA INCA

*«Las hojas de color de ronco azufre:

más abajo, en el oro de la geología,

como una espada envuelta en meteoros,

hundía la mano turbulenta y dulce

en lo más genital de lo terrestre.»

Levité sobre esos bordes de antiguos precipicios,

ya no me era tan extraña mi esencia vegetal,

ni la miel, que en diminutas serpientes, me reptaban.

Sueños indígenas inacabados,

pesadillas en sus montañas,

que se disgregan en el infinito

sobre las cimas de sus fortalezas.

Solo basta sumergirse

en las profundidades de sus ruinas incaicas,

y navegar en los dolorosos ríos

de sus profundas montañas

para tratar de entender a la llama y el puma.

Soñé con verde, cuando era solo una rama seca,

que se abrigaba de pieles vírgenes

en un reino nativo y sagrado.

Rezo con algarabía al Dios Sol y a la Pachamama.

Revivo, verde y frondosa, en épocas distintas.

Ya no soy una hoja sin espíritu.

Hoy, pertenezco a una montaña.

NOTA: La estrofa inicial entrecomillas, es del poema «Alturas de Machu Picchu» Pablo Neruda ( Chile 1904-1973)


SIN ESTEREOTIPOS

*«Soy como soy,

estoy hecha así.

Cuando tengo ganas de reír

río a carcajadas.»

Soy como soy, y me gusto tal cual.

Algunos no me soportan

porque no me dejo llevar…

No soy rebelde, tampoco sumisa.

Soy apasionada,

perla de fuego en agua helada.

Tengo agallas.

Soy incitadora,

femme fatale,

Encantadora y explosiva,

provocadora.

Soy el margen de un cuaderno,

la espuma de la ola,

el rumor que nunca atiendo,

la anécdota, no la historia.

Lloro en silencio, y cuando nadie me ve,

Me inundo con lágrimas para calmar mi penar.

Soy.

NOTA:* La estrofa inicial entrecomillas es del poema «Soy como soy» del francés Jacques Prevert (1900-1977)


UN TIEMPO QUE SE VA

*«Es una lástima que no esté conmigo

cuando miró el reloj y son las cuatro.

y acabo la planilla y pienso diez minutos.

Cuando estiro las piernas como todas las tardes.

Y hago así con los bombos para aflojar la espalda.

Y estiro los dedos y les saco mentiras».

Es una pena que saliera despavorida

sin darme la oportunidad de explicarle

que no era para ella lo que escribí.

Pero ella es así:

impulsiva y temperamental.

Sueño que volverá algún día.

Sueño mientras las notas de oficina

y el ruido de mil voces me saca de las casillas.

Eso debería tenerlo en cuenta,

Cuando digo que la espero y sonríe.

Y mis huesos sigan pasando factura a la melancolía.

Su partida sin mirar atrás, sin un beso, dejó mi alma vacía.

Solo una mirada furtiva que me clavó el puñal de sus ojos llorosos.

Sabía que no volvería y por eso no la espero en la noche estrellada,

A pesar de que vendería todas las estrellas por volver a sentirla.

¿Existiremos a lo eterno?

¿o solo su presencia transitoria

me ata y me cobija incitando el nunca olvido?

Así huida, así dolida…

mientras, estiro mis dedos que anhelosos la buscan.

Es una lástima que no esté aquí,

que ya no vuele conmigo,

que no me libere,

que no me acompañe.

Es una lástima que no esté aquí,

refugiada entre mis brazos.

En tanto el mundo

se me cae a pedazos.

NOTA:* La estrofa entrecomillas es del poema « Amor de tarde » del uruguayo Mario Benedetti (1920-2009)


LA GRÁVIDA LEVEDAD DEL TIEMPO

*« Hay días en que somos

tan móviles, tan móviles,

como las leves briznas

al viento y al azar…»

Hay días, sin embargo,

en que nos quedamos fijos,

cual rocas montañosas,

atados al recuerdo.

Hay un tiempo que carece de días

y las palabras navegan en silencio.

Hay un tiempo en que vienen los días,

pasan los días y siempre es lo mismo.

Hay un tiempo que se detiene.

Hay amores que vuelan

a la velocidad de la luz;

otros, en cambio, no se elevan

ni un palmo.

Yacen bajo la tierra,

como los días muertos.

Llueve, y el día se viene de insomnios,

resistes tu mortalidad.

Llueve, y es el rayo la infinitud.

¡Quizá sean eternos los regresos!

Llueve, y por momentos es el alma infinita.

Hay días de lluvia

que refrescan las almas;

otros, en cambio,

las anegan

y arrasan paraísos,

sujetos a partículas que se acoplan al tiempo,

unificadas en sabios principios dimensionales

en que sujetarse cuenta.

Hay días, hay noches.

Hay tiempos, hay amores.

Hay lluvias y soles.

Hay vidas y muertes.

Hay tierras y aguas.

Hay amores y odios.

Hay sueños e insomnios.

Hay paraísos e infiernos.

Y siempre, siempre,

habrá poesía…

También hay cielos sin color,

gargantas sin paso

y lágrimas sin ojos, metidas en un corazón

arrinconado, que llora y siente como un niño sin madre.

¡Hay días!

¡Hay días, sí!

que quienes vagan por la calle

no ven.

No sienten nada.

No oyen.

Solo mueren de lluvia.

Y los que viven lloran.

Despacio.

Hay días tristes,

opacos,

callados,

lluviosos…

NOTA : La estrofa inicial entrecomillas es del poema «Canción de la Vida profunda», del colombiano Porfirio Barba Jacob ( 1883-1942)


PURO CUENTO

*«Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan solo lo que he visto.

Y he visto:

que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con

Cuentos,

que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos. »

que los cuentos brotan de las cunetas,

donde moran los restos de algún poeta

con nombre o sin él, pero en la tierra,

donde se escriben historias de nuestras guerras.

Cuentos de hambre y miseria,

de dolores cantados en la hora amarga,

de escapadas y búsquedas para desolar niños y casas.

Es verdad, no es un cuento;

hay un Ángel Guardián

Que te toma y te lleva como el viento

y con los niños va por donde van.

Tampoco es mentira

que hay políticos que son grandes contadores de cuentos.

Cuando buscan ser elegidos

Violan la realidad, como en los cuentos,

y el pueblo cae en las redes de la fantasía.

Sé de cuentos con voces ancestrales,

con letras manuscritas,

impresas,

digitales,

musicales.

En corro

con lumbre que arropa,

que agrupa,

que aviva la llama,

que calma a la fiera,

que ilustra,

que ama.

No amo los cuentos feos de mi patria ultrajada,

ni los cuentos feroces de mujeres arañadas,

ni cuentos de señores violadores.

Tampoco amo tu ausencia en mis historias miserables.

*NOTA: La estrofa entrecomillas es del poema « Sé todos los cuentos» del español León Felipe (1884-1968)


SIN ATADURAS

*«Libre te quiero,

como arroyo que brinca

de peña en peña.

Pero no mía.

Grande te quiero,

como monte preñado

de primavera.

Pero no mía.»

Seré libre sin ser tuya.

Siempre estarás en mis calores de verano,

danzando sobre mi cuerpo,

aun cuando ya no estés

en mis tiempos de sequía.

Solo me basta saber

que te tuve algún día.

¡Vive Libre!

Haz volar tus ideas.

Que nadie se olvide

que brillan como estrellas.

Pueden llevar palabras bellas,

mensajes de consuelo;

despertar a los oprimidos,

Que vuelen hasta el cielo

Para aliviar a los afligidos.

Vuela cual pájaro ávido de mundos nuevos,

con alas sutiles, boca de amor

y abrazos de almas que se funden

sin dejar de ser tú y yo.

¡Vuela y ama!

Libre te quiero

como lluvia

de estrella fugaz.

¡Que nunca se apague!

Libre de las libertades buenas.

Abanderada de sur a norte,

de alto a llano,

de agua y humo.

Libre para amar o no amar,

mas, no te sale no querer,

porque eres corazón de fuego.

NOTA:* La estrofa entrecomillas es del poema « Libre quiero» del español Agustín García Calvo (1926-2012)


A UNA CIUDAD DEL AYER

*«Noble rincón de mis abuelos: nada

como evocar, cruzando callejuelas,

los tiempos de la cruz y de la espada,

del ahumado candil y las pajuelas…»

las piedras centuriales en vigilia, de nuevos piratas

el vaho fantasmal de los faroles

con ese arrastre de cadenas.

Tambores de África que al viento suenan

por tus callecitas, Cartagena.

Noches amarillas de sonidos y lunas negras.

Amaneceres celestes con nubes de polvo

enturbian los ojos al mirar tus calles.

¡Cómo duelen los recuerdos de aquella infancia robada!

Contaban los más viejos

que el sol se ponía a mediodía

entre las piedras garrapiñadas de la calle

y el muro desafiante del convento.

Hoy, aún siguen los coches de caballos

que mantienen la historia y los recuerdos.

Sacan chispas de las piedras con sus patas.

Soportan del borracho su resaca

cuando intentan sacar sus abolengos

en noches frescas cuajadas de luceros

que invitan a caminar en la arena de la playa…

NOTA: * La estrofa entrecomillas es del poema «A mi ciudad nativa», del colombiano Luis Carlos López (1879-1950)


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