Según me contaron mis padres nos mudamos a la Ciudad pocos días después que nací. El barrio de hace treinta años atrás era muy tranquilo, casas modestas de clase media. El sustento de la familia era el taller mecánico que mi padre tenía en el fondo del terreno. Mi madre siempre se dedicó al cuidado del hogar. Fuimos siempre muy unidos los cuatro, pues habían quedado en la Provincia, familiares de ambos lados, abuelos, tíos y primos que no conocíamos. No nos criaron con lujos, pero nunca nos faltó nada, especialmente el amor que ellos nos dieron. Supieron escucharnos, dar los mejores consejos para crecer felices. Logramos con el esfuerzo de ellos estudiar una carrera. Mi hermano de profesión Médico, se casó antes que yo, fui tía de Anita, que disfrutábamos mucho cuando quedaba al cuidado de la abuela. Al año me recibí de Maestra y comencé a dar clases, donde conocí al hombre de mi vida, que años más tarde fue el padre de mis hijos. Todo estaba bien y éramos muy felices hasta que mi madre le dice a mi esposo que yo era adoptada. Que tenía mucho temor de morirse sin antes decírmelo. Al principio creí que era una broma, pero cuando lo vi tan serio, imaginen mi reacción.Deje todo y salí corriendo a pedir explicación, con la ilusión de que no fuera cierto, pero lo era. Al principio me cerré y me enojé tanto que no pude escucharlos. Después de llorar toda la noche, llamé a mi hermano, que dijo no recordar nada por ser tan pequeño, pero si que apenas nací nuestros padres hicieron las maletas y partieron a la Ciudad.Me costó un tiempo largo poder decidir que me contaran quien era y de donde había salido, esa tarde dejé mis hijos con su padre y partí. Al verlos me parecían dos extraños, pero me dí cuenta que contarían la verdad. Mi madre del corazón no quería que mi hermano fuera hijo único, ya que no podía concebir más, corría riesgo su vida. Una mañana llamaron a su puerta con la noticia que Manuel tenía una hermana. La madre había muerto en el parto y la daban en adopción. Era una beba muy pequeña que necesitaba muchos cuidados, esa niña era yo. Lloré mucho cuando llegó mi hermano, nos abrazamos los cuatro, con la promesa  de ayudarme a buscar mis propias raíces. Pero entendí muy bien que ser padres no es cuestión de sangre, sino de corazón.1619209_607145492704482_8497.jpg

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