Rápido, muy rápido, debía hacerse lo antes posible, antes de que regresara a casa, antes de que fuese testigo de lo que estaba sucediendo.

En unas horas él volvería, y para entonces, ya debíamos estar lejos, en otra casa, en otra calle, en otra ciudad, en dónde no pudiese encontrarnos.

Los objetos volaban al interior de las cajas y sacos, todo mezclado, todo junto, los recuerdos de una vida unidos a la amargura, la tristeza y la soledad en la que habían vivido durante todo este tiempo.

Petrificada y sin poder creer lo que estaba sucediendo, era más  un ente sin vida que  una mujer; un ser anulado y despojado de su valía, un objeto más que los operarios de la mudanza bien podían haber metido en uno de esos sacos sin haberse dado cuenta.

Todo ocurrió muy deprisa; ly cuándo quise darme cuenta , mi vida ya no era mi vida, sólo un oscuro agujero en una casa desconocida, pequeña y vacía.

En estado de shock permanecí durante varios días, observando «desde el andén» la película amarga de estos últimos años.

Mi bebé lloraba , y yo , sólo podía preguntarme dónde estaba mientras mi vida no era mía.

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