La sopa de la abuela

La sopa de la abuela

Jeorgina Sosa

20/05/2017

Un poema, un mar de sensaciones;
cada cuchara era una nota, una melodía,cada des-gustación un sabor.
Una máquina del tiempo que le hacia revivir viejas añoranzas,
una verdadera magia, infinidad de colores, y de sabores, pero pero un único aroma.
Igual a la de mamá y a la de papá, pero distinta en su esencia,
esta tenía magia, algo que la diferenciaba del resto.
Única e inigualable, igual procedimiento, distinto resultado
manos mágicas las de ella, ninguna como ella.
Era como una droga, vicio por ella.
Se acuerdo perfectamente su sabor, y su aroma,
es como un perfume penetrado en su piel, esos perfumes que con sentir su esencia te hacen sentir algo único.
En un plato de ella había un mar de sentimientos, un mar de pasiones,
cada ingrediente se complementaba perfectamente con el resto,
se hacían uno, y todos creaban la sopa perfecta,
pero esta solo era posible a través de las manos de ella.
Había vida en esa sopa, amor, corazón, y mucha y mucha dulzura. Por eso era única. Sus platos eran como cascadas, como un mar profundo, cada cuchara era un remo para llegar a la orilla, al fondo. Navegabas en ella.
La cara de ella era única, cunado te la daba, el la miraba y entendía todo con una sola mirada. No se quejaba ante ella de la cantidad que servía, porque era como una aventura, porque sabía que en cada probada íba a encontrar cosas distintas.
Siempre se pregunto que tenía esta a diferencia del resto, porque a nadie le quedaba igual;
esta tiene historias, recuerdos, amor, vida, una verdadera máquina del tiempo si
con solo una probada esta te puede llevar a tu infancia vivida, a tu niñez amada, te hacer recordar vivencias, pero con tanta pasión que te sientes en ese tiempo.
Ella la preparaba meticulosamente, y solitariamente, siempre le gusto así,
sabía como le gustaba a todos, no te preguntaba si querías ella igual te la daba.
Escribiendo esto puede sentir su aroma, penetrar su sabor, me vienen imagines a mi cabeza.
El plato era como un mar, cada ingrediente eran los complementos perfectos que hacen tan bello a este, y el se sentía la cuchara, navegaba en ella, nadaba en ella, nadaba en ese mar, ese mar que le traía de todo.
Se sumergía en ella, lo hacía de una manera desesperante, tomaba hasta la última gota que había.
Las manos de la abuela como olvidarles, suaves y cálidas, llenas de arrugas, que le contaban una historia, manos mágicas, manos únicas.
Después fue dejando de tomar esa sopa, pero aun así lleva consigo ese sabor, ese aroma que lo he convertido en un perfume, en mi esencia, dejo de sentir esas sensaciones con cualquier otra sopa, pero los recuerdos de ella le quedan. Nunca probó sopa igual a la de la abuela.
Dicen que los abuelos son únicos, y lo son, tienen historias, y logran trasmitir esas, logran que tu sientas lo que ellos sintieron
Sopa un plato tan típico, pero como la sopa de la abuela no hay otra, podrán haber millones de estas, pero ninguna te van a lograr contar una historia.

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