Te regalé una bonita sonrisa de Joker antes de liberar el aire que me torturaba los intestinos; silencioso y mortal. Los ojos bonitos que habías estado intentando conquistar pasaron a dibujarte un gesto de repugnancia mientras yo me camuflaba en mi feminidad, tres horas más de vuelo tendrías que cargar esa vergüenza culposa que te sonrojaba las mejillas; y a ver qué más se me ocurría.

Hermano mío, tenías que haberme dejado en paz.

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