Yana Puscu, vagó sola por mucho tiempo,desamparada,vestía de negro riguroso, sombrero, medias multicolor y botas negras. Nose explicaba lo sucedido. Su tierna edadhacia que jugara, saltara, trepara y extrañara a su madre.Sin saber la desgracia que vivía el resto de la familia.

El rio que circundaba la propiedad campestre, caudaloso, furioso arrastró a la abuela en sus corrientes.

La decisión del padre de Yana Puscu que vivía en la capital, fue reunirse nuevamente con su familia, pues la nostalgia y la soledad lo abrumaban…

Los preparativos bulliciosos y el entusiasmo del viaje empezaron.

Yana Puscu con el cálido sueño de ver a su padre del cual ya no tenía el recuerdo, observaba y pensaba muchas cosas…

Ella observaba el ir y venir, de mucha gentepara organizar ellargo viaje.En una enorme habitación en unas grandes mesas, reposabala masa, preparada con harina, manteca, sal, agua y en algunos casos azúcar. Los bollos de pan hinchados listos para el horno. El horno de adobe con una enorme boca por donde se veía lenguas de fuego. La canca el primer pan que se horneaba, para saber si el calor del horno es el adecuado para la cocción. El canca, era compartido por todos los trabajadores, vecinos y en general los asistentes. El aroma del pan y el café pasado y caliente. Una deliciosa combinación, fiesta para elolfato.

El fiambre consistía en, queso, pan, café, charqui, chicharrón, papa, pollo al horno, cancha, mote, jamón, harinas y cereales para cocinar en el camino. Los equiposde cocina, olla, tetera, fósforo platos y tazas de loza, cucharas, cucharones etc.

Las acémilas eran cuidadas con esmero. Los caballos con errajes nuevos que el largo viaje, accidentado lo ameritaba.Esta labor era obligación de los arrieros.

Las mantas, frazadas, ponchos y ropa gruesa necesaria para pasar debajo de la Cordillera de los Andes.

Los peones o arrieros deberán ser provistos de coca para chacchar y alcohol para aplacar el frio.

Llego el día… salieron en la madrugada, iluminada tenuemente por la luna que tímidamente navegaba en el firmamento.

Dos arrieros, dos burros, un caballo para Yana Puscu y otro para su madre. Las alforjas cargadas una de ropa, otra de víveres y otra de sueños y esperanzas formaban la comitiva.

Los parientes y vecinos esperaban con antorchas y linternas en el portón de la casa. En la caballeriza esperaban las acémilas. Yana Puscu observaba del balcón todo el ajetreo mañanero. Sus ojos vividos seguían con gran atención cada movimiento, su ilusión y admiración ante tal acontecimiento. No dejaba que el sueño la venciera.

La madre cómodamente sentada en una montura de lado. La niña atada a un manso caballo. Los caballos cual castañuelas repicaban,rompieron el silencios con el traqueteo de sus cascos sobre el empedrado. Dejaban lentamente el pueblo de ensueño.Detrás del majestuoso Huascarán. El firmamento con estrellas tintineantes guiaba a los caminantes por los escabrosos caminos de herradura…

A medida que avanzaban, la vegetación exuberante y el bello paisaje se pintaba con los colores, pinceladas divinas para recrear la vista.

Los ganados prendidos en el verde pasto, las llamas, alpacas y vicuñas comiendo el ichu y disfrutando sus dominios compartidos solo con el majestuoso cóndor.

Tres veces por día, se apeaban para preparar los alimentos. Cerca de un límpido riachuelo que bajaba de la cordillera cual drenaje milagroso de su creación. Disponían piedras a modo de fogón. Colocaban la olla para preparar las sopa de harina de habas, chochoca, papa, y café caliente, acompañados de jamón, charqui , pollo o chicharrón.

Al anochecer buscaban hospedaje en chozas de pastores. Ellos brindaban la terraza de su casa y sopa caliente, servidos en mate de madera. Acomodarse con las frazadas multicolores para soportar el frio y el silbido del viento martirizando los oídos, más, el cansancio hacia que todos durmieran plácidamente. En ocasiones se buscaba unas cuevas en forma de cuartos, se tendía el ichu seco a modo de un colchón y luego las mantas. La oscuridad en el interior y la maravilla del panorama celestial en el exterior que nunca Yana Pusco olvidaría. El terror ante relatos escabrosos, se apaciguaba con la alforja de sueños que llevaban siempre cual amuleto de supervivencia.

Las tempestades eran otro temor del viaje. Las nubes oscuras presagio de descargas eléctricas. Truenos que hacían estremecer los cerros que repetían una a una con su estruendo.

Por fin llegaron a un pueblo en una ladera cerca al rio. Aquí terminaba la labor de los arrieros, debían regresar al pueblo.

Se embarcarían en tren. La niña asombrada veía ese monstruo gigante sin entender cuál era su cabeza, cual su cola. Su resoplido y pitillo la asustaban. El recorrido era tan veloz que se sentía mareada.

La conexión final para llegar a su destino,sería en ómnibus, esa máquina que tenía ojos, nariz y boca, por donde exhalaba un olor de gasolina que termino mareándola y vomitando…

Llegaron a la estación de noche, las luces de los autos los avisos luminosos sorprendieron a Yana Puscu.Creía que había llegado al cielo.

Un hombre alto, delgado, cual Quijote, esperaba. Cargó y besó repetidamente a su esposa e hija. Se trasladaron a una humilde casa donde se instalaron y empezaron una vida nueva con la alforja de sueños y esperanzas…

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