Con 10 años de edad , vivìa en el campo con mis abuelos. El, era Director de Escuelas campesinas diurnas y nocturnas para trabajadores analfabetos. Ella, no era titulada pero , tenìa a cargo los trabajos de lencerìa y reposterìa. Habitábamos una casa al costado del colegio. Atrás, un imponente volcán se mantenía inmóvil por cientos de años desde su última erupción . En sus faldeos, existían árboles frutales.

Grandes piedras estaban esparcidas por doquier.

El tiempo dormitaba con el susurro del rio cercano. Los días transcurrían arrullados por el trino de aves que cantaban su alegría de vivir en libertad. Estábamos apartados del pueblo .Habían unas casas a cuadras de distancia de la nuestra.

El tiempo dibujaba mi pequeño mundo junto a los abuelos, dos perros y un loro .

Un día, en un caluroso sábado de verano, apareció en el frontis un hombre vestido de arriero.

_ » Manuel » _ dijo llamarse cuando fue consultado.

De mediana estatura, atlético y fornido. Su pelo negro sobresalía bajo un viejo sombrero. Los dientes resaltaban en cada sonrisa junto a una mirada fría y penetrante que producía temor.

Estaba de paso. Necesitaba comida y agua .Ofreció a cambio cortar leña, recoger los cientos de hojas de árboles esparcidas en el patio , limpiar el jardín de mi abuela, podar los árboles, etc.

Sucedió algo difícil de explicar. Pese a ser un desconocido, mis abuelos lo invitaron a almorzar. El agradeció con breves silabas. Luego, se sirvió en silencio. A las consultas de su procedencia, repetía que no tenia familia ni hogar fijo. Viajaba de muy lejos cerca de la cordillera. Dijo que su infancia transcurrió en un orfanato y, que tuvo que trabajar desde pequeño para sobrevivir.

Ya adulto, aprendió a leer y escribir. Su oficio era el de un arriero.

Terminò su almuerzo. Agradeció a mi abuela y, solicitò permiso para levantarse de la mesa. Caminò hasta donde estaban los troncos de leña para encender la cocina. Recuerdo esos momentos porque fue un espectáculo . Cogió un hacha y empezó a cortarlos en trozos. A cada golpe , los troncos se partían como si fueran de cartón. En minutos, apilò suficientes para un mes. Despuès, barrió el patio con un escobillòn, sacò la maleza, rehízo las tazas para el agua y podò las plantas del jardín.

Al anochecer, el hombre decidió partir. Mis viejos se miraron entre si . Le dijeron que se quedara esa noche. Al principio, el hombre se negó pero, finalmente, aceptò. Prepararon una cama en la pieza de los materiales del colegio. Mi abuela le sirvió la cena y, con una bendición en su frente, lo dejò en su improvisado dormitorio,El hombre se mostrò emocionado.

Al dìa siguiente, Manuel había encendido la cocina, tenìa una tetera hirviendo y, la mesa puesta.

Mis viejos, a partir de ese día, decidieron que se quedara a vivir con nosotros. Era curioso verlos felices con ese hombre como si se tratara de un hijo pese a no conocer ni su apellido ni su procedencia.

Transcurrieron 8 meses. Un día, el hombre se mostró nervioso y tenso. Requiere su permiso para ausentarse por el día . Aduce que debe realizar unos trámites en la ciudad. Ellos acceden y le dicen que lo esperaran a cenar. No volvió esa noche ni las dos siguientes.

En la mañana del segundo día, llegó un piquete de policías a caballo. Venìan armados con carabinas y portaban mantas y útiles para acampar. Solicitaron hablar en privado con mi abuelo.

El los hizo pasar a su oficina y cerró con pestillo. Yo y mi abuela nos acercamos a la puerta y pudimos escuchar que ellos y otras patrullas estaban rastreando a un peligroso forajido y asesino cuyo apodo era » Manolo «. Estaba encargado a toda la policía de la provincia por robo a mano armada, ataques a los agentes y, muerte de varios arrieros. Describieron al peligroso personaje. A medida que lo hacìan, mi abuela se persignaba . Los datos entregados calzaban a la perfección con Manuel.

Dijeron que existían rumores que lo habían visto merodeando la escuela. Le aconsejaron tener mucho cuidado. Que no vacilara en avisar al cuartel si lo divisaba.

Mi abuelo, mientras los despedía, disimulaba su tensión. Nos abrazó a mi y a la abuela.

Pasado el susto, minutos despuès, decidió entrar a la pieza de Manuel. Desde la puerta, pude ver la cama en perfecto orden.

Debajo de ella, mi abuelo encontró una navaja y un machete ( afilado cuchillo que tiene un mango ) . Tambièn, tenìa recortes de periódicos de distintas ciudades y del país vecino, Argentina.

Saliò de la pieza. Estaba pálido y asustado. Ellos tenían màs de 70 años a cuestas y yo, era un niño con apenas 10. Dos ancianos que no podrían enfrentar a este hombre.

Al tercer día, llegó Manuel . Mirò fijamente a mis viejos y pidió hablar con ellos.En breves frases , el hombre agradeció su hospitalidad diciéndoles que era la primera vez en su vida que había sentido calor de familia. Finalmente, con lágrimas que rodaban por sus mejillas, les dijo que llegó a quererlos como sus padres. Acto seguido,se levanto y los abrazó por largo rato. Despuès, de un bolsillo sacó un pequeño envoltorio. Eran semillas de rosas argentinas que traìa para el jardín de la abuela.

Retiro sus enseres. Mi abuela le hizo entrega de una bufanda que le había tejido para el invierno que se aproximaba.

Mirò a los viejos con ternura y les juro que jamás los olvidaría.

Lo acompañe hasta la salida. Cerrè el portón y, cuando estaba a unos 20 metros, lo llamè…..

– » Manuel » -………..» Manuel »

No me contesto y siguió caminando.

Cerre`los ojos y gritè – » Manoloooooooooooo » –

Se detuvo y dijo :

– ¡ Algún día le contare de mi nombre !

Por ahora …solo dìgame Manuel…..

– ¡ Cuide a esos viejos maravillosos ! –

Dio la vuelta y se perdió en el camino……

Tu puntuación:

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS